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Miércoles
 12 de Diciembre de 2018
Encuentro
Me niego
Jueves,  11 de Octubre, 2018
Me-niego-

Caminar en las calles de una ciudad fuera de nuestras fronteras y hablar el idioma de ellos, los otros, que a la vez somos nosotros mismos, provoca estados de reflexión que muy poco tienen que ver con el oficio individual y mucho tienen que ver con las relaciones de los agentes que conforman la construcción de un entorno, una escena o incluso, un país.

Lo absoluto no existe. ¿Cómo pretendemos construir una comunidad diferente, un país habitable y re-significar el valor que le damos a las cosas? ¿Estamos desarrollando pensamiento crítico y generando cambios en nuestra cotidianidad? ¿Cómo nos zafamos del colonialismo si seguimos comulgando prácticas de jerarquía y concentración del poder y el conocimiento? De verdad creo que cada pregunta lleva a muchas otras y probablemente no todas con respuesta absoluta, porque también creo que lo absoluto no existe, pero es muy probable que la intención de responder estas y todas las otras nos lleven a darle valor a la producción de pensamiento, al desafío de generar visibilización de lo importante y al reconocimiento de los actores.

No es sano imaginar que todos pensamos igual. Hablar del valor que le damos a las personas, a las situaciones y a los objetos, dice mucho de nuestra capacidad de entablar entre todos estos actores canales de comunicación y de colaboración o simplemente de la forma colectiva de asimilar algo en contexto con el todo. Por eso me parece pertinente el poner sobre la mesa la forma que tenemos de dar valor, de reconocer qué es lo más importante, de dialogar sobre cuáles son los caminos para lograr algo, de poder tener distintas miradas y así, seguramente, avanzar. No es sano imaginar que todos pensamos igual, en que todos le damos el mismo peso a un asunto, porque si así fuera no habría disidencia, que es fundamental para generar diálogo. Lo que no es sano es ni siquiera detenerse a pensar, a hablarlo, a producir molestia en una sociedad de conformistas o de bulliciosos convenientes.

Me niego a la norma establecida por algunos que disminuyen el esfuerzo del otro. Estamos atravesando un momento histórico en el que el derecho a pensar y no ser igual que todos no es negociable, un momento donde la lucha de ideologías se convirtió en lucha de sobrevivencia, una época donde hablar de amor presupone pérdida de tiempo y así estamos en sociedades donde un asesino es mejor que un socialista, un dictador disfrazado de socialista es mejor que un pueblo adormecido que no entiende que la cohesión puede ser una forma y donde un imbécil capitalista es mejor que un pensador. Yo estoy consiente que no puedo cambiar el mundo, no inmediatamente, pero de hecho sé que puedo iniciar o mejor dicho, continuar tozudamente moviendo significados, haciendo visible situaciones, investigando procesos y haciendo, desde mi lugar de acción, que la cosa sea detonadora de movimiento. Me niego a la norma establecida por algunos que disminuyen el esfuerzo del otro o que matan la posibilidad de ser. Esto no es un llamado a la reflexión ni la iluminación de algo que unos pueden ver y otros no, tampoco es una pretensión de denotar los valores perdidos y los ideales a alcanzar, no está ni cerca de demostrar algo o probar alguna teoría. Lo que quiero es incomodar y abrir un espacio de conversación horizontal.

autor : Roxana-Hartmann
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