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Editorial
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El fantasma de la pobreza
Lunes,  20 de Junio, 2016

Según el último análisis del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, unos veinticinco a treinta millones de ciudadanos de la región latinoamericana se encuentran hoy en la vulnerabilidad de la pobreza. En otras palabras, el riesgo de recaer en los menores niveles de subsistencia se incrementa en la medida que los países -cuya economía resulta dependiente de las materias primas- no han invertido en el desarrollo ni han asumido medidas previsoras en los últimos quince años, considerada una época de bonanza. De modo directo, se ha señalado a Bolivia, Ecuador y Venezuela como los países que serán más afectados por la creciente recesión económica que sufre la región.

El enfoque del organismo internacional incide en el hecho que América Latina ha experimentado un período extraordinario en su historia económica. En consecuencia, al recibir las mayores cuotas de bienestar debido al crecimiento económico, las políticas gubernamentales han tomado un giro dispendioso y se han destinado múltiples subsidios a los sectores más necesitados. No extraña que por efecto, más de setenta y dos millones de personas hayan salido de la pobreza y cerca de noventa y cuatro millones ingresaron a la clase media. Sin embargo, entre el año pasado y el actual, se ha registrado el aumento absoluto de pobres por primera vez en los últimos diez años. Una mala señal.
 
Resulta ilustrativo mencionar que la caída de los precios de las materias primas, principalmente del petróleo, ha tenido efectos devastadores en la economía de la región. De hecho, la mayoría de los países latinoamericanos ha sufrido una desaceleración que ha impactado en los ingresos de los ciudadanos y ha generado el aumento exponencial del desempleo. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo considera que algunos países podrán resistir más que otros el incremento de la pobreza como Chile, Perú y Argentina, mientras que la retracción económica afectará de modo considerable los mejores logros alcanzados en materia de bienestar en Bolivia, Ecuador y Venezuela.
 
En lo que respecta a Bolivia, el informe de las Naciones Unidas choca frontalmente con las cifras proporcionadas por otros organismos internacionales que señalan al país como uno de los que sigue experimentando un crecimiento económico positivo, gracias a sus medidas previsoras asumidas. En todo caso, pese a los sesgos advertidos, conviene que el Gobierno boliviano salga al frente de este informe y ofrezca el verdadero panorama nacional en este escenario agorero donde el fantasma de la pobreza vuelve a planear. Sin duda, en una economía donde la dependencia de las materias primas resulta la principal característica, es de esperar que los efectos de la crisis mundial repercutan más.
 
En esa perspectiva, la posibilidad de recaer en la pobreza se presenta como una amenaza real. Si se consideran como responsables y confiables las perspectivas ofrecidas hasta ahora por el Gobierno, ese riesgo está más lejos que cerca, lo cual sería lo más deseable. En todo caso, conviene asumir que si se cumplen las previsiones contenidas en el informe de las Naciones Unidas respecto al elevado riesgo de la vulnerabilidad de la pobreza, resultará evidente que ello significará para el país un auténtico retroceso, con efectos previsibles en lo social y económico. Asimismo, resultará evidente que no han sido suficientes los esfuerzos en inversión, diversificación y desarrollo de la economía.

Recaer en la pobreza significará para el país un auténtico retroceso, con efectos previsibles en lo social y económico. Asimismo, resultará evidente que no han sido suficientes los esfuerzos en inversión, diversificación y desarrollo de la economía.