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Editorial/Opinión
Editorial
Ya somos Venezuela
Martes,  27 de Agosto, 2019
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Los incendios de la Chiquitania han servido para que todos nos demos cuenta que ya estamos viviendo una situación similar a la de Venezuela, donde no hay calamidad ni crisis humanitaria que haga entrar en razón a la dictadura, cuya avidez por el poder es mucho más grande que toda el hambre y las penurias que están pasando millones de ciudadanos.

No hemos tenido que esperar a que la economía se complique más de lo que está, que la crisis se acentúe o que el régimen se pinte la cara, tome los sables y los fusiles para reprimir con saña, pero lo que está haciendo en este momento en relación al desastre no deja duda de lo que será capaz para mantenerse en el poder más allá de la ley, del pronunciamiento de las urnas o de cualquier circunstancia tanto o más grave como la que se está viviendo en este momento, o de lo que pueda ocurrir si las condiciones políticas, sociales y financieras siguen deteriorándose.

El Gobierno no sólo se niega a reconocer la dimensión de los incendios que ya han consumido más de un millón de hectáreas, sino que sigue justificando la torpeza de haberle rociado  gasolina los bosques para que los campesinos no hagan más largar el fósforo y desatar el mayor crimen ambiental que se haya cometido en la historia del país. Nos referimos al irracional sistema de distribución de tierras que el oficialismo se empeñará en mantener inalterado, lo que hace impensable la restauración y mucho más lejana la tregua para evitar que otros bosques del país corran la misma suerte.

Las autoridades vinculadas con la tierra tratan de justificar su despropósito con el argumento de la producción de alimentos, pero es obvio que caen en el cinismo, pues a estas alturas ya saben que el camino que están tomando es el opuesto, pues van hacia la desertización, aunque en el fondo lo que buscan es ampliar la frontera cocalera, opción que vuelven aún más ruines los planes del Gobierno.

Ha sido tan canalla la forma de actuar de las autoridades nacionales, que no sólo ignoraron por varias semanas el drama del fuego, sino que lo minimizaron y trataron de evadirlo. Cuando ya no pudieron tapar el sol con un dedo, iniciaron un plan de acción que prioriza la propaganda, el impacto mediático y el beneficio político que puedan obtener a partir de la desgracia de la naturaleza y de las poblaciones que están padeciendo, el humo, la contaminación y la amenaza de perderlo todo.

La irresponsabilidad más grande, combinada con indolencia y soberbia es la negativa a reconocer que el problema se les ha salido de las manos y pese a ello se niegan a emitir una declaración de desastre nacional que haría posible el uso de una mayor cantidad de recursos para combatir el fuego y abrir la entrada a la ayuda internacional. Todo eso por simple tozudez y por evitar que se dañe la imagen y el ego del presidente Morales.

Lo que está haciendo en este momento en relación al desastre no deja duda de lo que será capaz para mantenerse en el poder más allá de la ley, del pronunciamiento de las urnas o de cualquier circunstancia tanto o más grave como la que se está viviendo en este momento, o de lo que pueda ocurrir si las condiciones políticas, sociales y financieras siguen deteriorándose.

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