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Editorial/Opinión
Editorial
Unidos contra las drogas
Lunes,  2 de Marzo, 2020
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Recientemente, el Gobierno de Jeanine Añez presentó un panorama sombrío sobre la situación narcotráfico en Bolivia, herencia que nos habrían dejado los 14 años de permisividad del “proceso de cambio”. 

Durante el lanzamiento oficial de la estrategia nacional “Unidos, libres contra las drogas”, la mandataria afirmó que los sistemas de inteligencia del país y también los organismos internacionales han probado la presencia de al menos nueve cárteles multinacionales en el territorio, entre los que se destacan el Primer Comando Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV) de Brasil; los cárteles de Sinaloa y Los Zetas de México; Sendero Luminoso de Perú, y también mafias rusas. A esto se le añade la actuación de bandas terroristas colombianas como el cártel del Norte del Valle; grupos paramilitares devenidos en facciones criminales, entre ellos, las Autodefensas Campesinas de Casanare; además de elementos residuales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Las autoridades hablan en tiempo pasado, pero no se puede pensar que estas peligrosas y muy bien organizadas agrupaciones delictivas hayan huido del país junto con el cocalero y lo más probable es que sigan operando agazapadas y a menor escala y, obviamente, sin el soporte político, logístico y legal que les brindó el régimen cocalero durante tanto tiempo.

En realidad, hace mucho que se conocía esta noticia y hasta se llegó a probar que el célebre narcotraficante mexicano Joaquín “Chapo” Guzmán Loera estableció nexos con grupos locales con alta incidencia en las cúpulas gubernamentales. Insistentemente, el régimen negó esa realidad y se limitó a reconocer que los grandes carteles tenían “emisarios” en nuestro país, algo que nunca se llegó a aclarar. Por numerosos hechos delictivos, algunos arrestos y lo ocurrido en cárceles del país, no se puede decir menos que aquella presencia era muy fuerte y precisamente así lo describen la nuevas autoridades, que han demostrado con grandes incautaciones de droga, que Bolivia estaba prácticamente tomada por los narcos.

La nueva estrategia contra las drogas está muy bien definida y considera seis ejes como la salud pública, inclusión socioeconómica, desarrollo sostenible, justicia proporcional con el delito y reforma del régimen penitenciario, fiscalización y control de la economía ilegal de la droga y, finalmente, afectación a las estructuras económicas y orgánicas del narcotráfico.

Sabemos que el narcotráfico es fuerte en Bolivia no sólo porque las mafias han sentado sus bases en nuestras narices, sino porque el componente de la coca es muy sensible. La lucha ha sido muy larga el triunfo de Evo Morales fue precisamente una derrota en la guerra contra las drogas que se necesita remontar. La balanza está muy desequilibrada, por lo que resta dar a conocer cuál será el rol de la comunidad internacional en este duro reto, pues sabemos también que la cooperación externa es indispensable.

El triunfo de Evo Morales fue una dura derrota en la guerra contra las drogas que se necesita remontar. La balanza está muy desequilibrada, por lo que resta dar a conocer cuál será el rol de la comunidad internacional en este duro reto, pues sabemos también que la cooperación externa es indispensable.