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 7 de Diciembre de 2019
Editorial/Opinión
Editorial
Un mínimo de cordura hubiera ayudado
Martes,  5  de Noviembre, 2019
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Tal vez sea mucho pedirle al Gobierno un poco de cordura a estas alturas de la crisis y después de haber cometido semejante locura de perpetrar un fraude de ese tamaño con la esperanza de que el pueblo se quede tranquilo y la comunidad internacional mirando y validando las cosas, como ha hecho desde 2006 con todos los atropellos cometidos por este régimen.

Pese a ello, Evo Morales tenía la oportunidad hace dos semanas de salvar al menos su partido, su movimiento o sus ideales, pero incluso el sitio que se había ganado en la historia de Bolivia lo está borrando por completo y su legado podría ser tan nefasto como el de Melgarejo o el de García Mesa, todo por el derroche de soberbia que ha desparramado en un lapso en el que lo correcto hubiera sido calmar los ánimos y no recurrir a discursos incendiarios que no han hecho más que incrementar la irritación de la que gente que resiste heroicamente el paro y el bloqueo, sin responder con la misma moneda que propone el Gobierno.

Hubiera alcanzado con una mínima dosis de autocrítica, pero en lugar de ello, el presidente se burla de la ciudadanía, la provoca, la hostiga y la amenaza. Insiste en validar algo insostenible y en negar lo que está frente a los ojos de todos con una nitidez que no se puede desconocer.

Perder no es sinónimo de autodestrucción, pero justamente es ese el camino que ha tomado el presidente, cuyo “proceso de cambio” quedará sepultado en la ignominia y con él, muchas de las reivindicaciones que
propuso en 2005 y que lo ayudaron a consolidar una legitimidad que hoy está en ruinas.

Un líder tiene que demostrar grandeza; sabe que su tarea es la pedagogía, la siembra empeñosa que dará frutos a largo plazo para que las futuras generaciones puedan aprovechar de un país mucho mejor que el que vivieron sus padres y sus abuelos. Sin embargo, en estos días hemos visto a un presidente aferrado al poder con uñas y dientes, con intenciones de sostenerse a base de una trampa, amenazando a hombres,
mujeres y niños con privarles de alimento y mandando a sus hordas a atacar a mansalva a los que exigen transparencia. Lamentablemente, la primera impresión que dejó Evo Morales en Bolivia y en el mundo,
cuando visitaba a mandatarios y reyes con su chompa a rayas ha quedado en el olvido frente a la imagen tiránica que él mismo ha construido en tan poco tiempo.

Es difícil saber qué puede pasar de aquí en adelante. Nadie tiene una bola de cristal para visualizar el desenlace, pero hay algo muy claro y es que Bolivia ya no será la misma después del 20 de octubre y las
semanas posteriores. El ciudadano boliviano ha conseguido interpretar a fondo la realidad y ha asumido plenamente el control de su destino.

Eso es lapidario para un régimen que quería controlarlo todo y adueñarse de la vida de cada individuo. Eso es mortal para un sistema político que ya no tiene chance de mantenerse en el poder con sensatez y autoridad.

El ciudadano boliviano ha conseguido interpretar a fondo la realidad y ha asumido plenamente el control de su destino. Eso es lapidario para un régimen que quería controlarlo todo y adueñarse de la vida de cada individuo. Eso es mortal para un sistema político que ya no tiene chance de mantenerse en el poder con sensatez y autoridad.