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Editorial/Opinión
Editorial
Un duro golpe a la economía
Viernes,  1 de Mayo, 2020
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Tendría que ser muy estúpido el dueño de un inmueble si en el momento que vivimos recurre al hostigamiento para cobrarle el alquiler a su inquilino, ya sea una familia o el dueño de algún negocio, que seguramente está cerrado, con los ingresos reducidos a cero y encima de eso, con  cargas salariales, impuestos por pagar, préstamos, servicios y otras cuentas que siguen corriendo y que no admiten cuarentena.

Si lo hace, se estará arriesgando a quedarse con el local vacío y asumir el pago de electricidad, agua y expensas, sin posibilidades de conseguir otro arrendatario por mucho tiempo. El desalojado aprovechará la oportunidad que le brindará otro lugar más barato o simplemente se inventará una nueva forma de trabajar, con repartos a domicilio, desde la comodidad de su hogar, sin pagar alquiler, sueldos ni impuestos (mucho ojo señores del gobierno).

Si es inteligente, no sólo cuidará como oro al cliente que ya tiene, sino la inversión que ha hecho y que seguramente estará amortiguando. Con mucho tacto, negociará con su ocupante, lo animará a que siga en el lugar y entre ambos buscarán la manera de llegar a un acuerdo por los pagos, tal vez el diseño de un plan en cuotas, la reducción temporal de la renta o cualquier otra salida que entre dos empresarios son capaces de idear.

El mejor ejemplo lo han dado los bancos, que no esperaron ningún decreto ni instrucción del gobierno para decidir la postergación automática de los pagos de los créditos por tres meses, cuotas que serán prorrateadas al final del contrato, de tal manera de recudir el impacto, tanto para la entidad como para el prestatario. De no haberlo hecho, se arriesgaban a incrementar la mora bancaria y el daño hubiera sido peor. Dejar que los políticos metan la mano en el asunto hubiera resultado más pernicioso todavía. En lugar de hacer tabla rasa, como hicieron los banqueros, los funcionarios, parlamentarios o cualquier dirigente hubiese ideado algún tipo de escala destinada a granjearse la simpatía de los más pobres (clásica excusa de los demagogos), con la consabida aplicación de trámites, colas y la protesta de los que se hubieran sentido excluidos de las ventajas.

Con la condonación de los alquileres, el Congreso comandado por el MAS, podría darle un duro golpe a la economía nacional. No se trata sólo de meterse con la propiedad privada, algo que ni siquiera Evo Morales se atrevió con osadía semejante, sino de poner en riesgo negocios, empleos, el valor de los inmuebles y, sobre todo, las posibilidades de reactivación de la productividad, pues está hiriendo de muerte al rubro de la construcción, uno de los más dinámicos del país.

Como ya no hay bonos para inventar, los parlamentarios masistas quieren crear uno nuevo a costa de la plata ajena. De la misma forma que los subsidios, los entregarán al que lo necesita y al quien le está yendo bien y es capaz de cumplir con sus obligaciones, sin poner en riesgo la economía de millones de personas que viven y comen de los alquileres que cobran mensualmente.

Con la condonación de los alquileres, el Congreso comandado por el MAS, podría darle un duro golpe a la economía nacional. No se trata sólo de meterse con la propiedad privada, algo que ni siquiera Evo Morales se atrevió con osadía semejante, sino de poner en riesgo negocios, empleos, el valor de los inmuebles y, sobre todo, las posibilidades de reactivación de la productividad, pues está hiriendo de muerte al rubro de la construcción, uno de los más dinámicos del país.