Siguenos en:
Martes
 22 de Octubre de 2019
Editorial/Opinión
Editorial
Santa Cruz y el destino del país
Martes,  24 de Septiembre, 2019
Santa-Cruz-y-el-destino-del-pais

Las circunstancias les han impedido a los cruceños celebrar el aniversario de la gesta libertaria del 24 de septiembre, aunque esta vez ha sido por decisión propia, puesto que últimamente hasta cantar el himno o izar la bandera se han vuelto asuntos prohibidos sin que ello implique molestia o rebeldía de nuestras élites.

Ha tenido que quemarse la Chiquitania, nuestra cuna, para que algunos se den cuenta de las verdaderas intenciones del régimen que hace muy poco pregonaba la imitación del modelo que ha crecido y florecido en esta región, único capaz de darle esperanza a los bolivianos que huyen de los andes, donde hace mucho “se quemó” todo y lo vuelven a chamuscar ni bien surge un nuevo sueño. No es la gente, que es valiente y esforzada; tampoco es la tierra, que es tan prodigiosa como la de zonas bajas; es ese sistema político que parieron los Olañeta y toda la casta altoperuana que sigue en pie y que marchita todo lo que toca: la plata, el estaño, el gas, Tarija, Potosí y ahora, Santa Cruz.

Antecedentes hay de sobra. Se engulleron el petróleo de Camiri y no dejaron ni agua ni luz para los camireños. Los tarijeños se quedaron mirando cómo el gas apenas sirvió para inflar el ego del caudillo. Nada de industria, nada de progreso, solo huecos vacíos, algo de burbuja inmobiliaria y cemento blanco, muy blanco.

Pese a que en Santa Cruz hubo gas, carretera y algo de la mano del estado centralista, el grueso del desarrollo surgió por otro camino, el de los mismos cruceños que siempre han actuado indisciplinadamente con el modelo centralista y gracias a ello han conquistado un sitial que se vuelve amenazante para los intereses andinos.

El “proceso de cambio” parecía otro, pero es otro más de los exponentes del mismo proyecto de país que no ha soltado la mamadera desde 1492. Usó muchos disfraces, entre ellos el de un régimen nacional e integrador que viene prometiendo abrazar con mismo lazo al occidente con el oriente. El fuego nos ha demostrado que nos quieren usar de su canchón, ponerle una alambrada y someternos al mismo esquema que reina en las alturas; volvernos un ayllu, convertirnos en súbditos de un jilacata que dice quien levanta y quién baja la cabeza, que ordena lo que se debe sembrar y decide sobre la vida y el destino de la gente.

Santa Cruz no nació para eso. No puede rifar su libertad justo cuando estamos ante los umbrales del fracaso final del modelo que ha oprimido no solo a cruceños, sino también a chuquisaqueños, a potosinos, a tarijeños y pandinos. Hemos hecho un sacrificio muy grande, la ceniza nos rodea, los árboles humeantes disminuyen nuestra vitalidad, pero hay un elemento paradójico en todo esto. Así como esta región se ha convertido en la clave para la continuidad de la impostura, también puede ser el departamento que marque su final, consolide su decadencia y le brinde al país la oportunidad de construir otro destino.

Así como esta región se ha convertido en la clave para la continuidad de la impostura, también puede ser el departamento que marque su final, consolide su decadencia y le brinde al país la oportunidad de construir otro destino.