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Editorial/Opinión
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Queremos ver al economista
Lunes,  8  de Febrero, 2021
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Luis Arce fue elegido porque es economista. Evo Morales lo puso ahí porque en la mente de todos se había instalado la idea de que él fue el autor del “milagro” del que tanto se habló durante 14 años. La gente votó por él porque ya se había dado cuenta, durante el periodo transitorio, que el país estaba quebrado y que el único con capacidad para componer el “cacharro” era el que diseñó el modelo que, por cierto, aseguró que estaba blindado. Vaya caparazón la que le puso a la economía, que no fue capaz de aguantar ni un solo año de emergencia.

Pero desde que asumió, Luis Arce no ha dejado de llorar como una plañidera y, más allá de quejarse por el “desastre” que hizo Jeanine, debería actuar como un profesional de la economía, cuya misión es administrar la escasez, pues si todos viviéramos en la abundancia, no haría falta tecnócratas aburridos como él, que durante el régimen del cocalero se dedicó a firmar cheques para comprar cuanto juguete se le ocurría al autócrata y ni siquiera el propio cajero abstuvo de la juerga y no se aguantó con unas alfombras persas que golpearon sus pupilas.

Arce sabe que la mayor bonanza que ha experimentado Bolivia en su historia, con precios de exportación cinco veces más altos, no fue obra suya y que, además, se terminó en el año 2014. Desde entonces, Bolivia se dedicó a gastarse sus reservas, a endeudarse y a exprimir a la pequeñísima porción de la economía formal, que coincidentemente ha sido la más golpeada por la pandemia.

La emergencia del Coronavirus no sólo demostró que las arcas estaban vacías, sino que Bolivia no contaba con una estructura económica sólida. Se puso en evidencia la alta dependencia que tenemos de los precios internacionales de las materias primas y de las industrias tradicionales, el gas y la minería, que además de atravesar un contexto externo desfavorable, hoy se encuentran en ruinas por la falta de visión y las torpezas del mismo Arce ¿acaso no era él el gran maestro, el gran mago y el gran arquitecto del rumbo nacional?

Los mejores marineros se ven en las tormentas, no en aguas calmas y un hombre con recursos en la mano no se pone a gemir como un niño extraviado, sino que directamente actúa y toma las decisiones que son indispensables para mantener el barco a flote, como lo hizo en 1985 Víctor Paz Estensoro, pues lo que dice actualmente Arce es muy parecido a lo que repetía el veterano líder del MNR.

¿Qué está esperando para actuar? ¿Qué está esperando para proceder coherentemente, en función del cuadro apocalíptico que está presentando? Un buen cirujano no dudaría en extirpar el tumor que compromete la vida del paciente. Pero Arce llora, duda y, lo peor de todo es que insiste en mantener las mismas políticas populistas, el mismo despilfarro y los elefantes blancos que caracterizaron a la orgía del cocalero.

Un buen cirujano no dudaría en extirpar el tumor que compromete la vida del paciente. Pero Arce llora, duda y, lo peor de todo es que insiste en mantener las mismas políticas populistas, el mismo despilfarro y los elefantes blancos que caracterizaron a la orgía del cocalero.

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