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Preparados para lo peor
Viernes,  25  de Diciembre, 2020
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El rebrote nos está confirmando que la pandemia del Coronavirus se quedará entre nosotros por un tiempo prolongado, como ocurrió con la peste española hace un siglo, que azotó al mundo por un lapso de dos años, con un grado de letalidad mucho mayor del que se prevé para el Covid-19.

Todos nos equivocamos al no saber anticiparnos ante una catástrofe sanitaria de estas proporciones, no supimos dimensionarla correctamente y el error se repitió cuando, hasta no hace mucho, creímos que el enemigo había sido derrotado y podíamos volver a la normalidad sin mayores precauciones.

Con la experiencia acumulada, lo correcto ahora es prepararse para lo peor, lo que no significa caer en el alarmismo sino asumir la realidad sin falsas expectativas, sin quejarse y sin buscar culpables como lo está haciendo hoy el Gobierno, que tardíamente asume las responsabilidades que les toca enfrentar.

En este momento, lo peor sería volver a infundir el miedo en la población y apelar a medidas extremas como prohibir la circulación, cerrar los negocios, paralizar la economía y dejar a millones de personas a merced de las migajas que gustosamente volverá a entregar el estado, porque esa es la manera que tiene de sentar presencia, cobrar vigencia, hacer ver su fuerza y su capacidad para exprimir a la población con el cuento de ayudar a los más pobres. Hoy los pobres necesitan trabajar, producir, salir a las calles a ganarse el pan y la política está obligada a quitarse del camino, dejar de estorbar y mostrarse proactiva a la libertad y la iniciativa privada.

El mundo está confiado en que la vacuna será la salvación. Regímenes populistas como el de Argentina, están invirtiendo millones en comprar los inoculantes porque, como buenos demagogos, confían en recetas mágicas, en golpes mediáticos y actos de magia que jamás han funcionado. Los próximos dos meses serán claves para confirmar si las diferentes inyecciones son efectivas, aunque conviene prepararse para lo peor, es decir, que este virus sea tan resistente y evasivo como el de la gripe y otros tipos de influenza que no han encontrado vacuna que los elimine, pese a que llevamos décadas lidiando con pandemias invisibles y permanentes que se han vuelto imperceptibles.

Prepararse para lo peor no sólo significa aprovechar todo el aprendizaje y el “entrenamiento” que hemos tenido en los últimos meses, sino también reconocer nuestras propias debilidades y, obviamente las fortalezas que nos pueden ayudar en momentos de crisis. 

A pesar de que es cierto que el boliviano común puede ser irresponsable y falto de conciencia cuando se trata de proteger su salud y la de los demás, debemos reconocer que también es intuitivo y sagaz cuando le toca buscar cómo sobrevivir sin la ayuda de un estado lento y pesado, a la cabeza de élites que no dejarán pasar la oportunidad de velar por sus propios intereses. En esto no es necesario prepararse, porque cosas peores no nos pueden pasar.

Los próximos dos meses serán claves para confirmar si las diferentes inyecciones son efectivas, aunque conviene prepararse para lo peor, es decir, que este virus sea tan resistente y evasivo como el de la gripe y otros tipos de influenza que no han encontrado vacuna que los elimine, pese a que llevamos décadas lidiando con pandemias invisibles y permanentes que se han vuelto imperceptibles.

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