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 22 de Octubre de 2019
Editorial/Opinión
Editorial
Preocupante deuda externa
Jueves,  12 de Septiembre, 2019
Preocupante-deuda-externa

La deuda externa de Bolivia acaba de sobrepasar la barrera de los 10 mil millones de dólares, la mayor de la historia, número que debería se motivo de preocupación, aunque el Banco Central sigue insistiendo en que estamos muy lejos del límite aceptado por los organismos internacionales, es decir, el 50 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en nuestro caso no llegamos al 25 por ciento.

En los últimos siete meses, el ritmo de endeudamiento externo ha sido de alrededor de 100 millones de dólares por mes, una cifra ínfima en relación al comportamiento del Gobierno, que desde 2015 ha estado gastando alrededor de tres mil millones de dólares anuales por encima de sus ingresos, lo que representa 250 millones mensuales. Obviamente, el régimen no sólo acude a las entidades crediticias multilaterales, sino también a préstamos del Banco Central, a las reservas internacionales y también a la fuerza extorsiva que el centralismo ejecuta contra gobernaciones y municipios a los que les arrebata recursos constantemente.

Es muy probable que el BID, la CAF o la China, los principales acreedores de Bolivia, le sigan prestando dinero al “proceso de cambio”, sin importarles lo que se haga con ese dinero. Siempre procedieron de la misma forma, incluso con las dictaduras de los años 70, cuya principal herencia fue una deuda externa que nos sumió en la miseria y la hiperinflación.

Sólo hace falta ver la escandalosa cifra que el Gobierno gasta en publicidad y propaganda para darse una idea de lo que se está haciendo con esos préstamos, que deberían ser usados para incrementar la productividad, único motivo para no preocuparse por el aumento de la deuda, para considerar razonable la relación con el PIB y para tener la seguridad de que podremos pagar y no terminaremos quebrados como ocurrió a principio de los años 80.

El problema es que todos sabemos que el régimen sigue gastando a manos llenas como en los años en los que recibía el doble de ingresos que los actuales y lo hace en asuntos superfluos, en emprendimientos estatales sin ningún tipo de impacto ni retorno positivo en la economía nacional y en infraestructura de mala calidad, mal orientada e ideada con criterios netamente electorales y prebendalistas, como el estadio que acaba de inaugurar el presidente Morales en Aiquile.

Los incendios de la Chiquitania prueban muchas cosas, pero especialmente la desesperación del Gobierno por encontrar una nueva fuente de ingresos que compense el bajón del gas y de la minería. La apuesta es tan débil como insegura, pues la agropecuaria es incierta y necesita tiempo, tanto o más del que se requeriría para que una política hidrocarburífera responsable recupere el dinamismo que dejaron los odiados neoliberales en 2005.

En los últimos siete meses, el ritmo de endeudamiento externo ha sido de alrededor de 100 millones de dólares por mes, una cifra ínfima en relación al comportamiento del Gobierno, que desde 2015 ha estado gastando alrededor de tres mil millones de dólares anuales por encima de sus ingresos