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Editorial/Opinión
Editorial
Por qué salvar a los periódicos
Sábado,  25 de Abril, 2020
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No se puede entender la importancia de los periódicos o diarios impresos, si no se tiene una idea cabal de lo que sucede con la comunicación social en Bolivia, lo que implica navegar por el interior de los medios, ingresar en oscuros recovecos y en lugares que no se pueden percibir desde afuera. 

Si hay una palabra que define a la comunicación en nuestro país, esa es “miseria”. Es más, existen entendidos en el tema que aseguran que Bolivia llegó tarde a la comunicación, pues no existe una televisión más o menos decente, con producción propia, que refleje la cultura nacional y con aceptables niveles éticos. A excepción de algunas poquísimas excepciones, la situación de la radio es peor aún, pues son simples estaciones comerciales que se dedican a poner música sin mencionar intérprete ni compositor; los locutores son improvisados y muy pocas estaciones cuentan con un departamento de prensa, con periodistas que salgan a las calles a recopilar información, investigar y elaborar noticias.

Esa extrema fragilidad económica de los medios electrónicos se pudo percibir con suma claridad durante los oscuros años de la hegemonía masista, que sin mayores dificultades pudo cooptar a la casi totalidad de los medios, que se convirtieron en caja de resonancia del poderoso aparato propagandístico del régimen.

Los pocos atisbos de independencia periodística tuvieron lugar en un puñado de periódicos impresos, que pese al boicot gubernamental fueron capaces de mantener una agenda noticiosa contestataria, siguiendo una mística y una tradición heredadas de decenas de años de trayectoria, de personalidades honorables que ejercieron el oficio con responsabilidad y una fortaleza que va más allá de las dificultades financieras. 

Es verdad que las redes sociales cumplieron un rol fundamental  en difundir información incómoda para los poderosos de turno, pero fueron los periodistas los encargados de indagar y confirmar los datos que a la postre lograron pintar de cuerpo entero a la autocracia comandada por el cocalero y que consiguieron consolidar una opinión pública que se volcó masivamente a la recuperación de la democracia. 

Sin diarios, el país perdería la única capacidad que existe de mantener vigente la libertad de expresión, cuyo principal función es hacer respetar el derecho a la información de los ciudadanos, sin el cual, los gobiernos se manejan –como se vio en 14 años-, en un contexto de arbitrariedad, abusos y atropellos a los procedimientos jurídicos y administrativos.

Por eso mismo, una de las principales responsabilidades de cualquier gobierno democrático es diseñar políticas públicas que aseguren el libre flujo de noticias, sin censura ni ningún otro tipo de condicionante político o financiero. La alternativa opuesta es dejar que la crisis condene a muerte a los periódicos, lo que implicará la desaparición de las noticias, el reinado de la propaganda, de las “fake news”, de los rumores, el sensacionalismo, la televisión basura y todas las disfuncionalidades de la comunicación que amenazan a la democracia en todo el mundo.

Sin diarios, el país perdería la única capacidad que existe de mantener vigente la libertad de expresión, cuyo principal función es hacer respetar el derecho a la información de los ciudadanos, sin el cual, los gobiernos se manejan –como se vio en 14 años-, en un contexto de arbitrariedad, abusos y atropellos a los procedimientos jurídicos y administrativos.