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Editorial/Opinión
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Política… de la buena
Lunes,  27 de Abril, 2020
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Hay una vieja fábula que cuenta la historia de un alacrán que estaba ahogándose en un arroyo. Alguien se compadeció y le extendió una rama para salvarlo. Inmediatamente estuvo en tierra, el insecto atacó a quien lo había socorrido. “¿Qué esperabas”, le dijo el médico al hombre que acudió por un antídoto que le evite la muerte. “No porque esté en peligro, el alacrán pierde sus instintos y en cualquier circunstancia, su naturaleza consiste en picar”.

Si aplicamos la moraleja del cuento al campo de la política, podremos entender muy bien lo que están haciendo los líderes en todo el mundo, donde surgen críticas muy duras porque hasta en la emergencia más dura que le haya tocado vivir a la humanidad, los políticos no hacen más que seguir sus instintos, responder a su naturaleza, consistente en conservar el poder, no dejar pasar la oportunidad para ganar popularidad e impedir que otros le arrebaten el sitial de privilegio que han conquistado.

La naturaleza de la política tal como la conocemos nació hace diez mil años cuando el ser humano dejó las cavernas y se estableció en comunidades, donde se dedicó a cultivar la tierra y a criar rebaños. Los políticos surgieron en la forma de guerreros con capacidad de proteger a los demás de los ataques externos y preservar el espacio vital. Se convirtieron en la élite dominante y desde entonces no han ahorrado esfuerzos por conservar ese sitial, por más que la gente ya no percibe con claridad la utilidad o el servicio que prestan. 

Maquiavelo, uno de los pensadores que más ha influido en la política en el mundo, escribió una suerte de manual para los gobernantes, que incluye una serie de instrucciones para conservar el poder, sin importar los medios que se usen para ello. El filósofo florentino se había inspirado en las ideas del estratega militar chino Sun Tzu, quien aseguraba que la política es como la guerra, cuyas principales armas son la simulación, la manipulación y el combate psicológico.

Los que leyeron a Maquiavelo se quedaron sólo con la primera parte de sus enseñanzas y olvidaron el resto, pues fue él mismo el que sentó las bases de la política y del estado modernos que sirvieron de base a la Revolución Francesa que dio como origen a una sociedad diferente, donde las élites son indispensables siempre y cuando sirvan para proteger los derechos y las libertades de los individuos.

No hay duda la pandemia global que nos agobia, nos ha puesto en los umbrales de una gran revolución que trastocará absolutamente todas las actividades humanas, entre ellas la política. Hoy se está viendo con claridad, que el poder, las armas, los cargos, los títulos y los gobiernos son absolutamente inútiles frente a una amenaza que requiere otras competencias de nuestros líderes.

Son muchos los políticos que quedarán obsoletos por efecto de la pandemia. Son aquellos incapaces de tomar decisiones esenciales, de enfocarse en las necesidades y urgencias y de dar el paso hacia la edificación de un mundo distinto, con nuevas prioridades y desafíos.