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Editorial/Opinión
Editorial
País estresado
Domingo,  3 de Mayo, 2020
Pais-estresado

Pensemos por un momento en la situación en la que se encontraban España o Italia hace poco más de un mes, con picos de contagiados y muertos que parecían sumir a ambos países el apocalipsis y la destrucción total. Afortunadamente Bolivia está muy lejos de llegar a esos extremos y seguramente no sucederá, pues aquí se actuó a tiempo en la aplicación de medidas preventivas, justamente haciendo caso a las experiencias ajenas, mientras que hay casos como el de Brasil, Estados Unidos o Inglaterra, donde pecaron de excesiva confianza y hoy están pagando las consecuencias.

En este momento, tanto en Italia como España están en un proceso denominado “desescalada” que consiste en levantar paulatinamente el confinamiento; la gente comienza a salir a las calles en periodos cortos, los restaurantes preparan sus instalaciones para recibir comensales dentro de un marco de bioseguridad y la economía empieza a cobrar vitalidad, con una serie de actividades permitidas a las que se irán sumando otras, de acuerdo a protocolos diseñados para evitar el rebrote de la epidemia.

Bolivia podría seguir aprendiendo de esas realidades, pero algunas circunstancias totalmente ajenas al manejo de la emergencia impiden llevar la calma a los hogares, a las empresas y a las instituciones públicas y privadas, donde es necesario llegar con los mensajes adecuados, es decir, la información indispensable que permita mantener los contagios a raya y recurrir a la normalización en la medida de lo posible.

Elecciones, aumento salarial, el transporte público, cocaleros, comerciantes informales, son algunos de las factores que mantienen estresado al país, ocupado en tareas políticas, en negociaciones, movilización de policías y militares que amenazan con boicotear este retorno a la regularidad que todos deseamos, pero que no se puede establecer por decreto o al calor del capricho de sectores a los que no parece importarles la salud de la población y tampoco la economía, ya que ambos aspectos van de la mano inexorablemente.

No cabe duda que la incidencia del MAS, que trata de manejar la situación con las instructivas descabelladas que manda el cocalero prófugo es la que más perjudica no sólo al Gobierno y su trabajo en la búsqueda de respuestas oportunas a la pandemia, sino a la misma población, cuya principal preocupación es cuidar de su vida.

Convengamos que la protección de la salud es la máxima prioridad y el que lo niegue estará incurriendo en un intento de genocidio. En segundo término se encuentra la necesidad de reactivar la economía dañada por la paralización, pero nadie puede pensar en volver al trabajo en medio de los cadáveres y el peligro de contagio. Las elecciones son también de extrema importancia, pero tal como lo han asumido las distintas fuerzas políticas, ponerle un plazo fijo o una fecha que nadie sabe si resultará atentatoria para la salud de los votantes y sus familias, es literalmente poner por delante el apetito político de un grupo antes que la vida, el valor supremo que deberíamos defender.

No cabe duda que la incidencia del MAS, que trata de manejar la situación con las instructivas descabelladas que manda el cocalero prófugo es la que más perjudica no sólo al Gobierno y su trabajo en la búsqueda de respuestas oportunas a la pandemia, sino a la misma población, cuya principal preocupación es cuidar de su vida.