Siguenos en:
Jueves
 12 de Diciembre de 2019
Editorial/Opinión
Editorial
Otra Bolivia es posible
Lunes,  11  de Noviembre, 2019
Otra-Bolivia-es-posible

No hay nada qué festejar. La renuncia de un presidente no deber motivo de regocijo, pues se trata de la señal más clara de que a Bolivia le falta mucho camino por recorrer en la consolidación de la democracia.

En estos días hemos vivido episodios muy parecidos a los de octubre de 2003 y el desenlace ha sido casi idéntico. A nadie le debería parecerle un logro que sigamos repitiendo nuestra historia con tanta frecuencia.

Lo que es trágico es que el pueblo haya sido engañado nuevamente durante los últimos 14 años, tiempo en el que pasó frente a nuestros ojos la mayor oportunidad de cambiar el país, de transformar las estructuras económicas y políticas y de conseguir el sendero inequívoco hacia la prosperidad, la estabilidad y la paz.

Nos orgullecemos de pertenecer a un país diferente, de ser “tumba de tiranos”, de no soportar la opresión, como sucede en otras latitudes, donde los dictadores se eternizan, donde se cometen fechorías indecibles como las que están ocurriendo en Venezuela y por eso mismo, resultan demasiados los más de cinco mil días que han transcurrido desde que Evo Morales asumió el poder y con ello, un sistema político que desde un principio mostró su talante autoritario y abusivo.

En este sentido, cabe preguntarse, cómo pudo transcurrir tanto tiempo, tanto atropello y tanta impostura hasta que la ciudadanía tomó la determinación de decir “ya basta”. No fue por falta de evidencias ni de señales claras, pues ha pasado frente a nuestros ojos y desde el primer momento, el proceso más obsceno de desinstitucionalización del estado y de destrucción de la justicia, los hechos más vergonzosos en la violación de los derechos humanos, la persecución política más sañuda, el derroche más ignominioso y los hechos de corrupción más degradantes que se hayan visto en la historia del país.

Hoy el movimiento ciudadano que obligó a Evo Morales a dejar el Gobierno es motivo de admiración en todo el mundo. Se trata de una revolución sin balas, una corriente irrefrenable que nació en las calles, una fuerza que se nutrió en las familias, en los jóvenes, las familias y un conjunto social altamente pluralista que se cohesionó en torno a la defensa del voto y la recuperación de la democracia.

Internamente los bolivianos sabemos que esto sólo ha sido posible gracias a una unidad nacional que hubiera sido inimaginable hace unos meses. Hemos vivido fragmentados, divididos durante toda nuestra historia y en los últimos años, el régimen simplemente se encargó de incentivar el odio, agrandar los abismos y acentuar las diferencias.
He aquí precisamente la primera clave para comenzar a cambiar nuestra historia. La segunda viene por añadidura y está al alcance de la mano y es el nacimiento de un nuevo ciudadano boliviano. Uno que no espere soluciones mágicas, que no confíe en falsos mesías y que tome conciencia de que la construcción de la democracia es de todos y se realiza cada uno de los días de la vida.

 

Hoy el movimiento ciudadano que obligó a Evo Morales a dejar el Gobierno es motivo de admiración en todo el mundo. Se trata de una revolución sin balas, una corriente irrefrenable que nació en las calles, una fuerza que se nutrió en las familias, en los jóvenes, las familias y un conjunto social altamente pluralista que se cohesionó en torno a la defensa del voto y la recuperación de la democracia.