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Editorial/Opinión
Editorial
Maquinarias del terror
Viernes,  17  de Enero, 2020
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Al poco tiempo de instalado el primer régimen socialista de la historia (1917), los propios cronistas que al principio se dejaron obnubilar por las ideas de Marx y Engels relataron los horrores y la farsa que se vivían en Rusia. Para entonces, la dictadura ya había instalado en la sociedad un sistema de control basado en el miedo, cuyos operadores eran precisamente los ciudadanos, convertidos en esbirros del aparato político. Tuvieron que pasar más de 70 para que los soviéticos se deshagan de esa tiranía que se sostuvo únicamente a través de la violencia ejercida contra la población.

Ese modo de actuar se replicó en todos los países donde se impuso el comunismo. En Alemania, existe un museo que muestra cómo la Stasi, la policía secreta de Berlín oriental, se encargaba de espiar a cada uno de los habitantes, trabajo que en la mayoría de los casos, estaba a cargo de familiares que se encargaban de informar al partido, de todos los movimientos de sus “seres queridos”. En Cuba formaron grupos denominados “Brigadas de respuesta rápida”, con zonas asignadas para vigilar. Aún en situaciones de miseria, el comunismo cubano gasta millonadas en pagar informantes disfrazados de buenos vecinos, de taxistas o de vendedores ambulantes que alimentan de “enemigos de la revolución” las cárceles y de centros de tortura.

En Venezuela, los asesores castristas hicieron lo propio con la formación de los denominados “colectivos”, que actúan como fuerzas de choque al servicio de la dictadura, pero que también son bandas criminales con nexos con el narcotráfico y la delincuencia urbana. Estos paramilitares han sido claves en la represión, con consecuencias terroríficas, pues de acuerdo a los datos de la ONU, el Chavismo ha perpetrado más de cinco mil ejecuciones sumarias y ha torturado y arrestado ilegalmente a decenas de miles de personas.

En Bolivia, las noticias sobre las milicias masistas no han surgido a partir de las recientes declaraciones del cocalero prófugo en Argentina, pues hay evidencias de que grupos armados vienen operando desde hace muchos años. Los principales, por supuesto, son los cocaleros del Chapare, que tienen a su mando las “policías sindicales”, que han convertido al trópico cochabambino en una zona de exclusión, donde no tiene pisada la Policía. En esa región, es moneda corriente el linchamiento y su principal promotor ha sido Evo Morales, sospechoso de haber ordenado la muerte de un militar y su esposa, mucho antes de que se convierta en presidente.

Esas brigadas han promovido el contrabando a lo largo y ancho del país, han atacado a efectivos del Ejército y de la Aduana, han quemado instalaciones del Estado y han impedido la instalación de centros policiales en el norte de Santa Cruz, donde el narcotráfico hace de las suyas. Se ha probado la presencia de asesores extranjeros en el país, pero los principales organizadores de esas acciones, a las que se debe sumar la toma de tierras y la destrucción de la propiedad privada, han sido ministros, viceministros y altos dirigentes del MAS perfectamente identificados. Los bolivianos hemos comenzado a desbaratar ese sistema, pero hay mucho trabajo por hacer.

Las “milicias” del MAS han promovido el contrabando y el narcotráfico a lo largo y ancho del país. Se ha probado la presencia de asesores extranjeros en el país, pero los principales organizadores de esas acciones han sido ministros, viceministros y altos dirigentes del MAS perfectamente identificados. Los bolivianos hemos comenzado a desbaratar ese sistema, pero hay mucho trabajo por hacer.