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Editorial/Opinión
Editorial
Las recetas contra la crisis
Martes,  17  de Diciembre, 2019
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Los bolivianos debemos fijar nuestra atención en Argentina, no solo porque se ha convertido en la guarida de Evo Morales, sino porque ha iniciado un nuevo ciclo político casi al mismo tiempo que nuestro país, pero a la inversa. Mientras ellos retornan al socialismo después de un periodo de cuatro años en los que se intentó recuperar la libertad económica, en nuestro caso, debemos instaurar la normalidad luego de 14 años de sujeción a un régimen en el que se incentivó el estatismo y se vapuleó a la propiedad privada.

Ambos gobiernos, el de Jeanine Añez y el de Alberto Fernández han encontrado una situación complicada por las deudas, el déficit fiscal y la amenaza de la desaceleración, problemas que serán enfrentados con recetas muy distintas.

La primera reacción de Alberto Fernández ha sido, obviamente, hincarle el diente al sector más productivo de la Argentina, el agropecuario, que es el que genera la mayor cantidad de recursos para el país, el que dinamiza la economía y el responsable de las exportaciones, el ingreso de divisas y del efecto multiplicador. El nuevo gobierno peronista ha decidido retomar el régimen de retenciones al campo, pese a que Mauricio Macri las había suspendido con la condición de que el dinero ahorrado por los agricultores y ganaderos sea invertido en el país. Lamentablemente, las condiciones generales y la falta de determinación del ex mandatario liberal no fueron suficientes, lo que derivó en inflación y en una disminución de los negocios.

El nuevo gobierno llega con la promesa de revertir esa situación, pero con instrumentos que sin duda alguna pueden arrojar los resultados opuestos. No se puede obtener otro efecto cuando se incrementan los impuestos, se aumentan los subsidios y no se detiene el derroche, característica principal de la administración peronista.

En el caso boliviano, el compromiso es liberar la economía, liberar a los productores de las restricciones a las exportaciones, facilitar la iniciativa privada, crear incentivos para que la gente vuelva a confiar en el pago de impuestos, reducir los gastos, achicar el estado y generar eficiencia en los emprendimientos estatales, que no poder otra cosa que cerrar aquellas unidades que generan pérdidas y que se comen gran parte del presupuesto.

En Bolivia la estatización significó una fuente de corrupción, de dispendio de los recursos públicos y de destrucción de las empresas como YPFB, cuyo reto es salir de la quiebra y generar las condiciones para que vuelvan las inversiones en el sector petrolero, el de mayor importancia del país. El gobierno no puede caer en la timidez en la que incurrió Macri, debe actuar con la verdad, decirle a la gente que la nacionalización fue un fracaso y que únicamente la empresa privada es la única capacitada para multiplicar la riqueza, generar empleos dignos y dejarle el camino libre al Estado para que se ocupe de los asuntos estratégicos, como seguridad, salud y educación. Si no se actúa en esa dirección, los resultados obtenidos por el socialismo en Argentina y el liberalismo timorato que puede aplicar Bolivia serán muy parecidos.

En Bolivia la estatización significó una fuente de corrupción, de dispendio de los recursos públicos y de destrucción de las empresas como YPFB, cuyo reto es salir de la quiebra y generar las condiciones para que vuelvan las inversiones en el sector petrolero, el de mayor importancia del país.