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Editorial/Opinión
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Las pititas rotas
Lunes,  26 de Octubre, 2020
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Si pudiéramos graficar lo ocurrido con el movimiento denominado “Pititas”, podríamos decir que fue como una piñata. Fue un regalo que le dio la ciudadanía al país y a la democracia, pero que cayó en distintas manos, que reaccionaron infantilmente, totalmente desorganizados y con sobrados gestos de mezquindad.

Otra vez se produjo aquello de que el “éxito tiene muchos padres y el fracaso es huérfano”. Abundan las explicaciones políticas y sociológicas que llevaron al MAS al triunfo electoral, pero no se ha escuchado a nadie del bando contrario asumir las responsabilidades y menos aún, analizar de forma autocrítica el desastroso desenlace de la lucha por el voto que comenzó el 21 de febrero de 2016, que cobró su máxima expresión en octubre de 2019 y que debía culminar con un resultado positivo en las urnas el domingo 18 de octubre.

Los “Pititas” que consiguieron revertir el fraude de 2019 se han mantenido firmes y seguramente permanecerán  atentos ante cualquier abuso que se cometa contra la democracia y la justicia, pero lo que necesitan es que se forme una red o una valla de contención, tarea que debe estar a cargo de los líderes, que lamentablemente se dedicaron a dividir, a generar enfrentamiento y desperdiciar una fuerza enorme que corre el riesgo de diluirse.

El ciudadano que se desilusionó con el “proceso de cambio” por los errores que el propio Luis Arce ha reconocido, se quedó atónito cómo los que se apropiaron de esa poblada, dilapidaron sin misericordia un enorme capital político que causó la admiración del mundo porque daba esperanzas de una genuina democratización del país.

Podríamos achacar semejante trifulca vivida en este último año a la impericia, la ingenuidad o a la falta de inteligencia, pero es larga la lista de viejas figuras de la política que intervinieron en el intento de restauración de la democracia, pero nuevamente volvieron a reaparecer los viejos vicios que son precisamente los que le dieron el triunfo a Evo Morales en 2005 y los que han permitido la abultada victoria de Arce, quien seguramente no esperaba semejantes números.

Es de dudar que el nuevo Gobierno vaya a cumplir su promesa de no intromisión de Evo Morales en la gestión, con toda la carga negativa que ello implica. Resulta obvio que no tiene futuro una administración que no se enfoque en los grandes desafíos económicos, pero lamentablemente el MAS nunca ha tenido como prioridad la corrección y la racionalidad en el manejo de los asuntos públicos y es muy probable que mantenga la primacía de “meterle nomás” con la capitalización política, sin importar las “formas”.

La democracia sólo puede funcionar cuando existe control sobre el poder hegemónico, que en cualquier circunstancia o posición ideológica, corre el riesgo de caer en los excesos. Al MAS ya lo conocemos y tendría que ocurrir algo extraordinario para que Arce y los que supuestamente buscan la renovación, consigan dar un giro radical en la manera de hacer política. Las Pititas tienen que reanudarse, levantar cabeza y seguir aportando al progreso democrático.

 

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