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 18 de Agosto de 2019
Editorial/Opinión
Editorial
La verdad de las listas de candidatos
Martes,  23 de Julio, 2019
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Siempre se dice que el único momento en que los políticos no mienten es cuando elaboran el presupuesto.

Lamentablemente, a muy pocos le gustan los números y es por eso que son escasos los que se dan cuenta que todavía vivimos en un país militarista que dedica tres o cuatro veces más plata a los cuarteles, la seguridad (del Gobierno) y la policíam (también funcional al régimen) que a las aulas y los hospitales. Eso de que el país se gobierna por el carisma de un líder, por su popularidad, por sus obras o lo bueno que es, es una gran mentira.

La segunda ocasión en la que los políticos son honestos es cuando elaboran sus listas de candidatos. Es el momento en el que dejan traslucir la verdadera realidad de su partido, la real situación de su proyecto, el grado de popularidad, el desgaste y los desafíos que debe enfrentar para recuperar la credibilidad y conseguir una votación que le asegure la continuidad.

En las listas se puede vislumbrar también cuál es el futuro de la política de un país, sobre todo cuando hablamos del partido hegemónico, que en el pasado mostró una estructura casi monolítica pues casi todos los aspirantes del MAS al Congreso provenían del área rural, eran campesinos, dirigentes de los movimientos sociales o representantes de los pueblos indígenas.

La actual lista de candidatos a la Cámara de Diputados y al Senado del oficialismo es una demostración de que su discurso tradicional se ha agotado y que si bien el área rural sigue siendo un bastión importante, el sentido de pertenencia a un grupo social, a una etnia o a un sector de la sociedad ya no son garantía para obtener una mayoría absoluta, hecho que se nota perfectamente en recientes encuestas.

Para conseguir el propósito de mantener las cifras históricas conseguidas desde el 2005, el MAS ha tenido que recurrir a invitados, independientes, reinas de belleza, empresarios, jugadores de fútbol, reciclados de otros partidos (incluso del Gonismo) y otras figuras que han causado sorpresa en el electorado y un fuerte malestar interno, tal como lo ha revelado el propio presidente Morales.

El mapa político que se observa en las encuestas no ha variado sustancialmente, pues persisten las dicotomías campo-ciudad y oriente-occidente, que en el pasado posicionaron el concepto de “empate catastrófico”, que supuestamente debía ser eliminado con un “proceso de cambio” incluyente, diverso y tolerante. El denominado “voto duro” se mantiene, pero con menor incidencia que antes y sin posibilidades de darle al régimen una mayoría absoluta en el Congreso ni los dos tercios que tanto ha deteriorado nuestra democracia.

Por medio de sus listas, el oficialismo ha reconocido por primera vez, que si quiere sobrevivir políticamente tiene que iniciar un proceso de apertura; que si pretende prevalecer tiene que articular una propuesta alejada del racismo y del discurso de odio que lo han caracterizado y que la única alternativa de futuro es conformar una propuesta de gobierno para todos y no sólo para una porción del país. La buena noticia es que Bolivia podría volver a la democracia de pactos.

Para mantener las cifras históricas conseguidas desde el 2005, el MAS ha tenido que recurrir a invitados, independientes, reinas de belleza, empresarios, jugadores de fútbol, reciclados de otros partidos (incluso del Gonismo) y otras figuras que han causado sorpresa en el electorado y un fuerte malestar interno, tal como lo ha revelado el propio presidente Morales.

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