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Editorial/Opinión
Editorial
La situación de BOA
Viernes,  23 de Agosto, 2019
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Cuando el presidente Morales dijo que la línea aérea estatal, BOA, enfrentaba problemas estructurales, todos entendieron que se refería a una serie de incidentes que se han venido multiplicando en los últimos meses, complicaciones que tal vez hubieran necesitado ajustes en el mantenimiento de los aviones, reparaciones y mejoras en la administración de la empresa.

Nadie imaginó que detrás de esa afirmación y del pedido de disculpas que expresó el mandatario había una situación tan crítica que haría falta una inyección del dinero de todos los bolivianos, de alrededor de casi 18 millones de dólares. Se trata de un valor superior al que invirtió el Estado en la creación de BOA hace 12 años, poquísimo tiempo en comparación con compañías privadas que llevan décadas acumulando confiabilidad y seguridad y obviamente, un lapso de funcionamiento que no justifica las graves fallas que deben sufrir los pasajeros y menos la necesidad de hacer una suerte de refundación de la compañía, una reestructuración total y encima con plata de la ciudadanía.

BOA fue creada después de un intenso trabajo de hostigamiento estatal a una firma privada que tuvo que abandonar el mercado. La promesa de los gobernantes fue –como ha sucedido con todos los emprendimientos públicos-, demostrar que el Gobierno podía hacerse cargo de un servicio estratégico en condiciones de competitividad, con calidad y seguridad. 

En una situación de normalidad y racionalidad y, tomando en cuenta las grandes ventajas de las que goza BOA en el transporte aéreo nacional, la empresa debería haber tenido el suficiente flujo de caja como para asegurar el mantenimiento de los aviones, para realizar una renovación de la flota y para expandirse y demostrar lo que tanto pregonan los regímenes socialistas sobre la supuesta eficiencia de este sistema político.

Lamentablemente a BOA podría estar ocurriéndole lo mismo que al ingenio de San Buenaventura, que a la planta de urea del Chapare, a las costosísimas instalaciones de YPFB que están paralizadas o funcionando a media máquina y tantos otros emprendimientos que encaró el “proceso de cambio” cuando la bonanza económica le sonreía y brotaba el dinero a manos llenas. En este momento, esos millones que le están entregando la línea aérea, es dinero que le están quitando a la salud que enfrenta tantos problemas que el régimen no sabe cómo resolver o que deberían destinar al desarrollo rural, especialmente ahora que el desastre de los incendios dejará a miles de campesinos sin posibilidades de sustento.

El grave accidente de la empresa Lamia en noviembre de 2016 desnudó una serie de irregularidades que ocurren alrededor de la aviación civil en Bolivia, que también incurre en el descontrol y muchas arbitrariedades, como los cientos de vuelos ilegales y pistas clandestinas que hace poco denunciaron las autoridades antinarcóticos. Lo de BOA también es un descuido y puede formar parte de este mismo caos que preocupa pues compromete la seguridad.

En una situación de normalidad y racionalidad y, tomando en cuenta las grandes ventajas de las que goza BOA en el transporte aéreo nacional, la empresa debería haber tenido el suficiente flujo de caja como para asegurar el mantenimiento de los aviones, para realizar una renovación de la flota y para expandirse y demostrar lo que tanto pregonan los regímenes socialistas sobre la supuesta eficiencia de este sistema político.

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