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 16 de Septiembre de 2019
Editorial/Opinión
Editorial
La obscenidad de Luis Almagro
Martes,  21 de Mayo, 2019
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Ni siquiera Lula o Chávez fueron tan obscenos como Luis Almagro a la hora de adular a Evo Morales, un líder que ha demostrado más lealtad que ningún otro al momento de retribuir las lisonjas. La mejor prueba es el comportamiento del mandatario boliviano con Nicolás Maduro, a quien defiende a capa y espada, cuando casi todos lo han abandonado o al menos disimulan muy bien su respaldo, pues el usurpador venezolano se ha vuelto un caso que no vale la pena y que resta en lugar de sumar.

Esa es la interpretación más recurrente de la reciente visita del secretario general de la OEA, quien está en campaña para su reelección en el organismo multilateral y cuando un político está en esas, es capaz de bailar, besar y abrazar a todo el que se le cruce en el camino. Al diplomático uruguayo no le ha debido costar mucho, pues por sus venas corre sangre populista, ha sido funcionario de José Mujica y es posible que su aparente giro a favor de la democracia hubiera sido una estrategia para adecuarse al giro político que se produjo en América Latina en los últimos cinco años, con el ascenso de Macri, el retorno de Piñera, la victoria de Bolsonaro, el vuelco de Lenín Moreno en Ecuador y el triunfo de Luque en Colombia, entre otros.

Los últimos acontecimientos en Argentina, Brasil y también en Bolivia, muestran sin embargo, que el populismo no ha muerto y que tiene serias posibilidades de regresar o mantenerse en el poder más allá de cualquier circunstancia legal o económica. El mejor ejemplo es Maduro, que consigue mantener un gobierno absolutamente inviable, por el que nadie hubiese apostado en el pasado o que hace mucho hubiera caído dentro de una lógica tradicional e histórica. Pero está claro que las fuerzas que soportan a algunos regímenes políticos son muy distintas y el último megaescándalo ocurrido en Bolivia puede ser una prueba de aquello.

Tal vez la culpa de la reacción de Almagro la tenga el argentino Macri, cuya misión era evitar que su país tome el camino de Venezuela, destino al que indefectiblemente lo estaba conduciendo el peronismo de la ex presidente Cristina Fernández. El gradualismo y las tímidas reformas no solo mantienen el riesgo de la hecatombe, sino la posibilidad del retorno del kirchnerismo a la Casa Rosada. Lo mismo podría decirse de Brasil y también de Bolivia, donde los principales referentes de la oposición no brindan la confianza necesaria para evitar las amenazas y en todo caso mantienen un discurso lleno de ambigüedades que hacen pensar a la gente que en lugar de una mala copia es mejor inclinarse por el populista original. Total, el barranco que nos espera es el mismo.

Es posible también que detrás todo exista una estrategia de la OEA y que Almagro no sea más que un “caballo de Troya”, pues en medio de los adulos y espaldarazos, el representante se llevó un compromiso firmado por Evo Morales para el ingreso de una misión de observación de las elecciones del 20 de octubre. Por las malas no se hubiera podido conseguir ese aval que puede marcar una diferencia en la marcha de los comicios y las consecuencias que pueda acarrear el fraude que, según numerosas denuncias, se está montando en el país.

Es posible que detrás todo exista una estrategia de la OEA y que Almagro no sea más que un “caballo de Troya”, pues en medio de los adulos y espaldarazos, el representante se llevó un compromiso firmado por Evo Morales para el ingreso de una misión de observación de las elecciones del 20 de octubre.

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