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Editorial/Opinión
Editorial
La liberación de la agropecuaria
Domingo,  19  de Enero, 2020
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Las trabas a las exportaciones de productos agropecuarios fue durante casi 14 años, el símbolo de la barbarie económica que estableció el masismo, cuyas consecuencias han sido nefastas, no sólo para los productores, sino para todo el conjunto de los bolivianos.

Hay algunos cálculos del monto económico que se perdió por la limitación de las ventas de soya y sus derivados, de azúcar y otros cultivos, pero ninguno se acercará al verdadero impacto que tuvo esta medida irracional que llegó en el peor momento, pues justo se dio en el mejor ciclo de precios que ha experimentado la agropecuaria en varias décadas.

Alentado por el odio y el interés político de debilitar al oriente boliviano, especialmente a Santa Cruz, el régimen conducido por el cocalero fugitivo prohibió la exportación de productos altamente excedentarios en nuestro país. Bajo la falaz excusa de priorizar el mercado interno, que, en el caso de la soya, no absorbe ni siquiera un tercio de la producción total, las autoridades hicieron estragos en los agronegocios, principal sostén de la región y abastecedor de un 75 por ciento de los alimentos que consume el país

Cuando se daña un sector económico tan importante, no sólo se castiga al que siembra, sino a toda la cadena que va ligada, como el transporte y la agroindustria y obviamente azota también al empleo, la inversión privada y una serie de actividades que van ligadas a la agropecuaria, cuyo efecto multiplicador es significativo.

Los aventureros del pasado, que además de mala fe también pecaban de ignorancia, se confiaron en la avalancha de divisas provenientes de las exportaciones de hidrocarburos y minerales. Incentivaron las importaciones de alimentos y llevaron adelante iniciativas agropecuarias que fracasaron un tanto por inoperancia y otro por corrupción. Las mejores pruebas son el Fondo Indígena, la empresa Emapa y el ingenio azucarero San Buenaventura. El único cultivo que tuvo éxito durante todo este tiempo fue la coca y eso fue porque protegieron todo el circuito, incluyendo la exportación de los derivados de la “hoja sagrada”.

A último momento y desesperado por la caída de los ingresos del gas, el cocalero intentó enmendar parte de su error y como todo lo que hizo de manera improvisada, el resultado fue un desastre del tamaño de la Chiquitania.

No se puede menos que celebrar la suspensión de esta tranca económica, la misma que se debe complementar con el levantamiento de las restricciones al uso de la biotecnología y terminar con la hostilidad hacia el campo ejecutada a través de las normas de la Función Económica y Social. Con estos cambios y la reapertura de mercados que el populismo bloqueó, se puede albergar la esperanza de una recuperación en el mediano plazo.

No se puede menos que celebrar el levantamiento de los cupos a las exportaciones agropecuarias, que se debe complementar con el levantamiento de las restricciones al uso de la biotecnología y terminar con la hostilidad hacia el campo ejecutada a través de las normas de la Función Económica y Social. Con estos cambios y la reapertura de mercados que el populismo bloqueó, se puede albergar la esperanza de una recuperación en el mediano plazo.