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Editorial/Opinión
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La historia que no queremos ver
Miércoles,  28 de Octubre, 2020
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El historiador cruceño Isaac Sandóval Rodríguez no podrá ver el desenlace que tendrá este segundo “round” del masismo en el poder, pero de cumplirse la hipótesis que siempre manejó, el futuro del país no augura nada bueno.

Sandóval Rodríguez, heredero de una larga tradición de historiadores del oriente, los más destacados y creíbles de esta Bolivia plagada de engaños y dobleces, coincidía con otros especialistas en considerar que nuestro país arrastra desde su nacimiento problemas que no logra resolver, entre ellos el conflicto indígena que Alcides Arguedas describió perfectamente en “Raza de Bronce” y que sigue tal cual, pese a las grandes revoluciones y procesos de cambio que supuestamente se fijaron como prioridad sacar a los pueblos originarios de la situación ignominiosa en la que se encuentran. 

Nuestro ilustre personaje que nos dejó hace apenas unos días, decía que Bolivia era víctima de una suerte de conspiración que explica por qué ha sufrido tantas mutilaciones territoriales, por qué se ha mantenido en constante inestabilidad y por qué jamás ha podido desarrollar un mercado (en el más amplio sentido del término), condición indispensable para generar prosperidad, para pergeñar el porvenir y crear mejores condiciones de vida para las nuevas generaciones.

Bolivia, decía él, perdió tres veces la salida al mar. Una vez por el territorio que nos arrebataron los chilenos, la segunda, por el Acre, donde existía una ruta hacia el Amazonas y la tercera, a través de la parte del Chaco que perdimos con Paraguay, donde había una conexión hacia un sector navegable del río Pilcomayo que conduce hacia el Río de la Plata. En ninguna de las tres ocasiones hubo un interés genuino de las élites gobernantes por defender el territorio, como tampoco existe hoy las ganas de cuidar y desarrollar la zona sureste del departamento de Santa Cruz, donde el fuego se lleva nuestras riquezas, las bandas de piratas nos arrebatan el oro y tanto el Mutún como Puerto Busch (la cuarta y última posibilidad de salida al mar), duermen en el letargo. Que una presidenta beniana se ocupe del asunto en los últimos días de su mandato, es apenas una simple anécdota.

Hablamos de conspiración, pero esos planes siniestros jamás podrían prosperar sin la complicidad de nuestros líderes, como pasó en el 2003, cuando Bolivia estaba a punto de alcanzar el viejo y soñado proyecto de convertirse en el núcleo distribuidor de gas natural del Cono Sur. Exportar gas a Chile, a México y Estados Unidos y desarrollar la industria del Gas Natural Líquido (LNG), hubieran puesto a nuestro país en un lugar privilegiado, ampliar sus reservas, abrir nuevos mercados y multiplicar aún más los ingresos, tomando en cuenta los precios récords del petróleo que se mantuvieron entre 2006 y 2014. En este momento aquel proyecto es historia y la industria gasífera está en ruinas, a expensas de que Brasil o cualquier otro puedan reactivarla.

 En conclusión, Evo Morales fue parte de ese esquema que busca mantener a un país dividido, atrasado y sin horizonte, en pleno corazón de Sudamérica. Aquello es bueno para los intereses geopolíticos del vecindario. Por lo que vemos, la consigna sigue en marcha. 

Evo Morales fue parte de ese esquema que busca mantener a un país dividido, atrasado y sin horizonte, en pleno corazón de Sudamérica. Aquello es bueno para los intereses geopolíticos del vecindario. Por lo que vemos, la consigna sigue en marcha.

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