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Editorial/Opinión
Editorial
La autodestrucción del MAS
Martes,  18 de Agosto, 2020
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Todos hablan hoy de los cuantiosos daños que le provocó Evo Morales al país durante los bloqueos que ordenó desde Buenos Aires. Carreteras destruidas, patrimonio público con graves perjuicios, incalculables pérdidas económicas, decenas de muertos por falta de oxígeno y seguramente una consecuencia que se verá dentro de unos días, cuando comiencen a aflorar los contagiados por Covid-1 a raíz de las grandes concentraciones que se produjeron en los casi 200 puntos donde se plantaron los violentos portando armas de fuego.

Los masistas, los movimientos sociales, los sindicatos, indígenas, campesinos y hasta los propios cocaleros, deberían estar evaluando el daño que Evo Morales les ha causado a amplios sectores de la sociedad que durante décadas se han sentido representados por organizaciones que reivindicaban sus derechos y que el denominado “instrumento político” logró capitalizar el 2005 y los 14 años posteriores.

Desde su huida, el cocalero no ha hecho más que bombardear ese inmenso capital político, nada más que por su enfermizo personalismo, ese caudillismo que lo está llevando a la destrucción total, al extremo de alcanzar un punto de no retorno. Los ribetes delincuenciales que adquirieron los recientes bloqueos, con actos terroristas y la indolencia frente a la grave situación de salud y de necedad económica que atraviesan millones de bolivianos han dejado a Morales a la altura del lodo y lo mismo pasa con la gente que lo sigue y que se deja manejar como si fueran títeres y a los que paga para que salgan a las calles a agredir a gente inocente.

El MAS no supo reconocer a tiempo las consecuencias de los errores que cometió durante los largos 14 años en los que obtuvo la indulgencia de la ciudadanía que le toleró abusos, atropellos, persecución, derroche y corrupción a manos llenas. No fue capaz de valorar la importancia que tuvo la reacción ciudadana surgida del fraude del 20 de octubre del año pasado y todavía insiste en victimizarse, cuando él ha sido el verdugo de Bolivia y de las masas humanas que confiaban en su liderazgo.

La presidenta del Senado, Eva Copa debe recordar muy bien cuando la ciudadanía aplaudió sus gestos de racionalidad y su aporte a la pacificación que hizo tras la renuncia de Morales. Era el momento de reencauzar el MAS, dejar surgir nuevos dirigentes que sean capaces de restaurar la imagen dañada. Tenían la oportunidad de rescatar un partido, de mantenerlo como una fuerza legítima y democrática, como una opción electoral con grandes posibilidades de incidir en los destinos del país, pero todo eso lo tiraron por la borda en muy poco tiempo, por seguir las instrucciones criminales del cocalero.

En las próximas semanas se sabrá si todos esos sectores que fueron conducidos al fracaso han entendido el error histórico que han cometido y están dispuestos a reivindicarse.  En ellos está la decisión de asumir un nuevo rol patriótico y eso depende de entregarse al diálogo, rendirse ante las leyes y los principios democráticos o continuar por la ruta de la propia destrucción que les ha trazado Evo Morales.

Desde su huida, el cocalero no ha hecho más que bombardear un inmenso capital político, nada más que por su enfermizo personalismo, ese caudillismo que lo está llevando a la destrucción total, al extremo de alcanzar un punto de no retorno.

 

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