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Editorial/Opinión
Editorial
Johnny alcalde
Jueves,  28  de Enero, 2021
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La historia de la democracia boliviana es dolorosa justamente porque no conocemos la historia. Es muy simplista poner de excusa que los jóvenes son los culpables de inclinar la balanza hacia una opción nefasta para los cruceños, porque en realidad, adultos, viejos y personas de todos los estratos sociales siempre cometemos el mismo pecado, consistente en repetir los errores, tropezar mil veces con la misma piedra y caer en los abismos, de los que cuesta mucho salir.

Se creía que en 1982 habíamos aprendido la lección. Veníamos de un tenebroso y largo periodo de dictaduras, de golpes de estado, de fantoches que se creían salvadores de la patria y de saqueadores que convirtieron a la región más rica y prometedora de la colonia, en una de las repúblicas más atrasadas del continente y por qué no decirlo, del mundo.

Pero esa conciencia duró muy poco. No sabíamos lo que cuesta construir una democracia, creímos que el país iba a cambiar por arte de magia, por la acción de un mesías, un héroe supremo, uno de esos magos de la economía y de la política que haría milagros con nuestros problemas. Y no es broma, observen cómo hasta el mismo Arce Catacora se cree un hechicero, cuyo reino fantástico fue destruido en apenas unos meses, como si fuera sido invadido por hordas de bárbaros al mando de Atila. 

Hoy nos pide que aguantemos, porque no sabe cómo reconstruir el imperio, al que los bolivianos le dimos rienda suelta durante 14 años, ciegos, inconscientes, obnubilados por alguien que se creía el sol y la luna. Nadie le puede reprochar nada a los títeres y tampoco a los titiriteros. Ellos son parte de un show que la gente quiere ver, porque en 2006 se negó a seguir batallando constante e incansablemente por construir una democracia, a la manera de un rompecabezas con millones de piezas que necesitamos buscar y armar entre todos.

Cuando las expectativas son grandes, cuando la gente cree en cuentos de hadas, la mayorìa de ellos ignoran el pasado o, por último, lo quieren negar, esconder y aplastar porque no conviene meditar, revisar y reflexionar (es muy complicado), es muy fácil desilusionarse, echar todo al traste  y lanzarse a los brazos del charlatán de turno, como pasó cuando los bolivianos renunciamos a la democracia una y otra vez y lo ratificamos el año pasado luego de ver cómo los "grandes demócratas" pretendían “chivonearse” la nación. 

Johnny alcalde y muy probablemente, Mario gobernador, podría convertirse en la gran bofetada que recibamos los cruceños por no haber sabido cuidar la democracia, por haber mirado de palco el triste espectáculo que hemos tenido al frente durante tanto tiempo. Puede ser la degeneración más grotesca en la que cae nuestro sistema democrático, que no consigue tocar fondo porque nos empeñamos en buscarle explicaciones, en hallar los culpables y en identificar fenómenos que no tiene mayores interpretaciones, pues todos aquí somos protagonistas de un mismo circo.

Johnny alcalde y muy probablemente, Mario gobernador, podría convertirse en la gran bofetada que recibamos los cruceños por no haber sabido cuidar la democracia, por haber mirado de palco el triste espectáculo que hemos tenido al frente durante tanto tiempo. Puede ser la degeneración más grotesca en la que cae nuestro sistema democrático

 

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