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Editorial/Opinión
Editorial
Guerra anunciada
Viernes,  14  de Diciembre, 2018
Guerra-anunciada

Se suponía que los miembros del Gobierno debían estar festejando luego de la determinación del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de habilitar ilegalmente al binomio Evo Morales-García Linera. Razones habían de sobra para hacer fiesta, pues todo resultó un mero trámite administrativo con entrega adelantada, ideal para “pincharles el globo” a las marchas y manifestaciones que se habían preparado para escrachar la consagración de la impostura, que no implicaba ninguna sorpresa y que incluso ya había sido admitida, tal como lo ha reconocido el candidato Carlos Mesa.

De aquí en adelante al oficialismo solo le queda (supuestamente) recuperar la confianza del pueblo, mantenerse en campaña como lo viene haciendo desde 2006, derrochar millonadas en propaganda, inaugurar obras y usar los bienes del estado sin ningún control ni escrúpulo, pues no existe en el país ninguna instancia que pueda fiscalizar o ponerle límites al abuso descomunal. 

Todo está de su parte: el TSE “peló capucha”, como se dice en estas tierras. El servilismo hacia el Ejecutivo es indisimulado y obviamente no habrá cómo asegurar un mínimo de transparencia. Todos admiten que las elecciones primarias serán un fraude y en los comicios del 2019 no habrá cómo evitar la manipulación del voto. Ese es el motivo del mayor regocijo oficialista pues aparentemente el camino debería estar allanado y solo hay que pensar qué estrategia envolvente inventarse para el 2025.

Pero en lugar de festejar esta supuesta consagración política en medio de un contexto tan adverso; en vez de celebrar la coronación del paradigma presidencial “yo le meto nomás, aunque sea ilegal”, la gente del Gobierno se enfrasca en la preparación del “plan B”, que a la luz de las pruebas que han quedado registradas, es la única alternativa d el “proceso de cambio” para conservar el poder.

Con el montaje que puso en marcha el pasado martes, el Gobierno ha demostrado que no confía en las urnas; que la cooptación del aparato institucional ya no le alcanza; que no habrá fraude o manipulación que le pueda asegurar una victoria más o menos creíble el 2019 y que la única salida es aplicar la estrategia cubana que no es otra que amedrentar, usar la violencia, perseguir y arrinconar a las fuerzas opositoras, método que se aplicó con mucha efectividad entre 2008 y 2009, con hechos como Porvenir y la masacre del hotel Las Américas.

Pero la forma tan burda e improvisada cómo se ha puesta en escena esa película repetida, no solo habla de la falta de convicción del régimen, sino también de una carencia de coordinación, y especialmente de unidad interna. Dos días después de la quema del edificio del TSE, en el Gobierno no se ponen de acuerdo en cuanto a quién culpar, un viceministro admite que se ordenó retirar a la Policía y una funcionaria admite que horas antes de que comience la acción, las fuerzas de seguridad ya sabían lo que iba a ocurrir y se instruyó la evacuación.

Con el montaje que puso en marcha el pasado martes, el Gobierno ha demostrado que no confía en las urnas; que la cooptación del aparato institucional ya no le alcanza; que no habrá fraude o manipulación que le pueda asegurar una victoria más o menos creíble el 2019.

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