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Elogio de la boludez
Sábado,  31 de Octubre, 2020
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El actor argentino Hugo Arana, recientemente fallecido, hacía una representación teatral en el célebre programa de sátira política de Tato Bores. “Los argentinos somos boludos pero no comemos vidrio”, decía al final de los años 80, cuando existía el peligro del retorno del peronismo al poder. El candidato era Carlos Saúl Menem, quien llegó al poder de la mano de una coalición de izquierda que amenazaba con agravar aún más la crisis económica, agobiada por la hiperinflación que obligó a renunciar a Raúl Alfonsín. 

Menem ganó las elecciones en 1989 y al contrario de lo que muchos pensaban, puso en marcha una administración absolutamente pragmática. Privatizó las quebradas e ineficientes empresas estatales, inició reformas que modernizaron el país, redujo las regulaciones que reducían la capacidad de hacer negocios e  introdujo cambios en el sistema financiero que pusieron en orden las cuentas fiscales y permitieron un periodo de bonanza que se prolongó durante una década.

El mandato de Menem terminó en 1999 y tras un periodo de profunda inestabilidad, el peronismo volvió al poder con Néstor Kirchnner, en 2003, pero esta vez con un rostro populista que todavía mantiene el mando y que ha puesto al país al borde de una calamidad económica muy parecida a la de Venezuela. 

¿Comerán vidrio esta vez los argentinos? De seguir las cosas como están, es decir, en manos de la cleptómana Cristina viuda de Kirchnner y su títere Alberto Fernández, no cabe duda, pero afortunadamente hay algo que sucede siempre al borde del abismo que impide que nuestros vecinos terminen en el barranco. 

Los argentinos han mantenido durante más de 70 años un modelo político y económico que permite que la mitad de los habitantes viva de la boludez del resto, que trabaja, produce, paga impuestos y se “raja el lomo” (así dicen ellos) para mantener a un estado socialista que se dedica a distribuir bonos y subsidios con el objetivo de conservar lo que en México equivale a la “dictadura perfecta” que conservó el PRI por un periodo similar.

La política argentina no es nada parecido a la perfección, pero debemos admitir que los rioplatenses mantienen una cultura, un estatus y un nivel de vida que está por encima del resto de América Latina donde, lamentablemente, “comer vidrio” es moneda común. 

Hace un par de días ocurrió algo en Argentina que prueba que no son tan boludos como lo fueron los venezolanos y los cubanos. El dirigente Kirchnnerista Juan Grabois, amigo íntimo de Evo Morales, estaba por consumar la toma de una emblemática hacienda agropecuaria, con el aval del gobierno, por supuesto. Hace mucho que los aliados del régimen quieren arrasar con los campos productivos de Buenos Aires, Córdoba y otras provincias que constituyen la estructura económica del país, así como lo era el petróleo para los venezolanos. A último momento, el régimen envió cientos de policías a desalojar a los invasores y de esa manera confirmar que no están dispuestos a caer tan bajo como lo hizo Hugo Chávez. Bolivia está en esa misma encrucijada.

Hace un par de días ocurrió algo en Argentina que prueba que no son tan boludos como lo fueron los venezolanos y los cubanos. El desalojo de una hacienda invadida por dirigentes kirchneristas marca un alto al atentado a la propiedad privada que amenaza con destruir al país.

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