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Editorial/Opinión
Editorial
El virus no perdona
Lunes,  1 de Junio, 2020
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El departamento de Cochabamba ha sido, durante los últimos meses, el epicentro de las protestas en contra de la cuarentena, arma política que eligió el MAS para erosionar al Gobierno de Jeanine Áñez. Los cocaleros fueron la punta de lanza; ellos organizaron bloqueos, protagonizaron hechos de violencia e impulsaron crímenes imperdonables como impedir el paso de ambulancias y agredir a médicos y enfermeras que acudían en auxilio de pacientes afectados por el coronavirus.

Ellos fueron los que propagaron la idea lanzada por el cocalero prófugo de que la pandemia es un invento de la derecha, que se trata de una trampa de las grandes potencias o el producto de una guerra económica destinada a destruir a los débiles. Obviamente, su intención era provocar el fracaso de las medidas aplicadas para contener el contagio y provocar la muerte de muchos bolivianos, estrategia que siempre ha estado presente en la trayectoria del MAS. Su desprecio por la vida ha sido una constante en los últimos 30 años y siempre ha buscado cómo sacarle rédito al derramamiento de sangre.

Las consecuencias de esta irresponsable campaña están a la vista. En el mes de mayo, Cochabamba multiplicó por seis el número de afectados por el COVID-19, ha desplazado a La Paz y hoy ocupa el tercer lugar, detrás de Santa Cruz y Beni. De seguir esta tendencia, existe el riesgo de que la capital valluna experimente el mismo fenómeno que se ha dado en Trinidad y en otras ciudades benianas.

El daño y la amenaza no termina ahí. Montero es un ejemplo de lo que ha provocado la agitación política del MAS alrededor de la pandemia. Yapacaní también se ha vuelto un foco peligroso y en función de esas evidencias, no se puede esperar menos de otros lugares donde la irracionalidad se ha impuesto al cuidado. El virus tarda algunas semanas en propagarse y manifestarse, pero no perdona. Se ha visto cómo la peste ha migrado desde Asia a Europa, Estados Unidos y Sudamérica, donde Brasil es hoy uno de los más azotados, precisamente porque allí la política actuó con mayor preeminencia.

Pese a que el MAS sigue teniendo una alta incidencia en la vida del país y que su influencia es altamente negativa, tiene la ventaja de la impunidad, pues nadie puede responsabilizarlo por sus tropelías. Nadie va a ir a reclamarle a Evo Morales a Buenos Aires por la muerte que sigue provocando en el país. El Gobierno debe seguir asumiendo el papel que le corresponde para proteger a los bolivianos, garantizar el principio de autoridad y llevar adelante las estrategias que hagan falta para asegurar que no se propague el desastre que el prófugo intenta generar.

Afortunadamente, la cordura se está imponiendo en la mayoría de las regiones, donde las autoridades locales han decidido mantener las restricciones de la emergencia sanitaria, pues se trata de la única manera de evitar que se reproduzcan experiencias como la de Cochabamba o Beni.

El Gobierno debe seguir asumiendo el papel que le corresponde para proteger a los bolivianos, garantizar el principio de autoridad y llevar adelante las estrategias que hagan falta para asegurar que no se propague el desastre que el cocalero prófugo intenta generar.