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Editorial/Opinión
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Desarrollo canalla
Miércoles,  21 de Agosto, 2019
Desarrollo-canalla

Alguno de los brillantes expertos en ecología y medio ambiente que ganan muy bien en el Gobierno, debería recordarle al presidente Morales que hay muchas formas de vivir, además de los medios tradicionales nacidos hace 10 mil años, cuya base es la depredación, la destrucción de los bosques y la aniquilación de los recursos naturales.

El primer mandatario no parecía conmovido con el fuego que ha destruido más de 500 mil hectáreas en la Chiquitanía, pues luego de realizar un sobrevuelo por la zona, no hizo mas que justificar a campesinos que usan el chaqueo como método de preparación del suelo para la agricultura. “De qué van a vivir”, fue la expresión del jefe de estado y que viene repitiendo de manera muy reiterada. Lo hizo cuando los pueblos indígenas del norte de La Paz pedían respeto a sus territorios antes de iniciar la exploración petrolera y posteriormente cuando surgió la oposición a la destrucción del gigantesco y valioso parque Isiboro Sécure, a cambio de la construcción de una carretera que no conduce a ningún lado, solo a la destrucción del bosque para la expansión de las plantaciones de coca.

Precisamente en la coca puede estar la explicación de ese razonamiento que impera en el régimen y que considera desarrollo a este modo irracional de tratar a la tierra a nombre de la supervivencia. Es un sistema que no mide las consecuencias, que avanza a cualquier costo y que no hace más que preservar las estructuras de pobreza, porque la única hazaña del Gobierno es conseguir pan para hoy y hambre para mañana.

El presidente suele repetir que en el oriente boliviano sobran las tierras; alienta a los campesinos del occidente, agobiados por la sequía y el agotamiento de sus parcelas, a trasladarse a las fértiles zonas boscosas. En Argentina, invitó a los cientos de miles de compatriotas a retornar al país y les prometió tierras como señal de compromiso. Para que nadie lo dude, hace un par de meses aprobó decretos y resoluciones que autorizan el desmonte y la quema de grandes extensiones en Santa Cruz y Beni.

La locura de este “desarrollismo canalla” ha llegado al extremo de autorizar los asentamientos en parques naturales, en reservas forestales, en un área de patrimonio cultural como el Fuerte de Samaipata o en un ecosistema tan único como frágil como el Valle der Tucabaca, justo donde hoy están quemándose millones de árboles y animales, cuya recuperación tomaría varias generaciones, en el caso hipotético que exista la voluntad de reparar el daño, cosa absolutamente improbable en las actuales circunstancias.

No hay duda que esa ha sido la causa principal del infierno que están viviendo los chiquitanos y que vivirán todos esos pobres campesinos que han sido alentados a tomar, quemar y dejar todo como un desierto, con la ilusión de conseguir buenas cosechas y salir de la pobreza. Sencillamente esa es una patraña del régimen político cuyo único interés es la coca y el exterminio del oriente boliviano. 

Un decreto gubernamental es la causa principal del infierno que están viviendo los chiquitanos y que vivirán todos esos pobres campesinos que han sido alentados a tomar, quemar y dejar todo como un desierto, con la ilusión de conseguir buenas cosechas y salir de la pobreza. Sencillamente esa es una patraña del régimen político cuyo único interés es la coca y el exterminio del oriente boliviano.

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