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Editorial/Opinión
Editorial
Democracia, estado y libertad
Jueves,  29 de Octubre, 2020
Democracia,-estado-y-libertad

El célebre líder británico Winston Churchill decía que la única diferencia entre democracia y dictadura es la certeza que tiene la gente de que quien toca la puerta de madrugada es el lechero y no un militar o un sicario. El hombre que le hizo frente a Hitler jamás cayó en el cinismo de hablar del “gobierno del pueblo”, de la soberanía popular” y todo eso, porque sabía que hasta los regímenes comunistas más perversos y las tiranías fascistas más criminales se hacían llamar democráticos. Por eso decía que la democracia es la peor forma de gobierno, a excepción de todas las demás.

Su pensamiento liberal lo obligaba a reconocer de esa forma, que todos los estados, desde el comunista más radical, hasta el más abierto, comparten la misma impostura, es decir, apropiarse del poder con el supuesto objetivo de conseguir el bien común, categoría inventada por los políticos, pues siempre se impone la voluntad de un grupo que monopoliza la fuerza y que obliga a la sociedad a obedecer cualquier determinación que toma la élite, escudada en lo que Borges llamaba “el abuso de la estadística”, la mejor definición que le puso a la democracia.

No vamos a caer en la trampa de afirmar que todos los gobiernos son iguales y son precisamente el miedo y la libertad los factores que ayudan a comprender qué regímenes son menos malos que otros. En ese sentido, el socialismo es el que se lleva el podio, por ser el que más limitaciones impone al individuo y el que usa el terror hacia sus adversarios y hacia el pueblo, como herramienta para mantener el poder. Las tiranías fascistas o de derecha se parecen mucho, pero los comunistas les llevan amplia ventaja por el número de muertos, no sólo por las balas, sino también por el hambre que han ocasionado.

Todas las formas de estado que han existido a lo largo de la historia han difundido la misma mentira, que consiste en hacerle creer al individuo que el progreso de los pueblos depende del gobierno y en el caso de los socialistas, esa patraña llega al extremo de afirmar que el estado es el único capaz de generar bienestar, de ahí que suprimen las libertades a partir de la eliminación parcial o total de la propiedad privada, base de cualquier sociedad sana y próspera.

El mundo ha progresado, sin duda alguna, pero aquello sólo ha sido posible por los grados de libertad que los gobiernos les han concedido a los individuos, únicos con la capacidad, la fuerza y la creatividad para generar riqueza, habilidades que el estado no tiene porque jamás se impone límites económicos y tampoco se guía por la relación costo beneficio. En otras palabras, derrocha sin ton ni son, experiencia que los bolivianos conocemos a la perfección.

En un país como Bolivia, con un estado que no obedece leyes, que no tiene prioridades y que tampoco admite control ni límites, es poco lo que se puede esperar de un gobierno, pero al menos podemos pedirle que deje a un lado la persecución y que respete las libertades de los individuos.

En un país como Bolivia, con un estado que no obedece leyes, que no tiene prioridades y que tampoco admite control ni límites, es poco lo que se puede esperar de un gobierno, pero al menos podemos pedirle que deje a un lado la persecución y que respete las libertades de los individuos.

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