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Editorial/Opinión
Editorial
Bolivia sigue en la mira
Domingo,  1 de Marzo, 2020
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Qué confianza puede ofrecer la ex presidenta de Chile y actual Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet cuando cuestiona el proceso de democratización que lleva adelante nuestro país y pone en duda la lucha contra la impunidad y la recuperación de la justicia. 

Ella forma parte del Foro de Sao Paulo, es admiradora de la dictadura cubana y fue cómplice de los regímenes populistas de la región, incluyendo a la tiranía de Nicolás Maduro. Cuando su país lideraba la Unasur, apañó descaradamente el terrorismo de estado que tuvo lugar en El Porvenir (Pando) en 2008.

A tanta insistencia de la comunidad internacional, no tuvo más remedio que realizar una inspección en Venezuela el año pasado. Ya habían pasado seis años desde la usurpación del poder de Maduro y no tuvo más remedio que reconocer el asesinato de por lo menos cinco mil personas y numerosas atrocidades contra la población. Pese a todo, su informe fue tibio y altamente condescendiente con la tiranía, tal como ha sido el comportamiento de la ONU en relación a todos los gobiernos del bloque socialista de América Latina.

En otras palabras, por más esfuerzos que se hagan en Bolivia, por más transparencia y respeto a los procedimientos legales, el socialismo que reina en los organismos internacionales seguirá haciendo urdiendo toda clase de maniobras hasta conseguir que vuelvan los impostores, con los que se comportaron tan tolerantes.

La sugerencia es que el Gobierno mantenga la seguridad de que está en el camino correcto, que continúe haciendo los cambios que se requieren para restablecer la institucionalidad en la Justicia y llevar adelante una administración libre de sospechas de corrupción y de abuso de poder. Es recomendable que les abra las puertas a todas organizaciones, observadores, a la prensa internacional y todo el que sea capaz de emitir un juicio imparcial y objetivo. Se ha propuesto la conformación de una suerte de comisión de la verdad que revise todo lo que ocurrió en el país en los meses anteriores a las elecciones del 20 de octubre, que pueda escudriñar a fondo lo que pasó con la votación y las sospechas de fraude y, por supuesto, que haga un recuento de los hechos posteriores, en los distintos escenarios donde operaron los militares y la policía para controlar los brotes terroristas que se registraron y que supuestamente estuvieron digitados por Evo Morales.

Internamente, se puede convocar a personas notables y de gran prestigio, como ha sucedido con el Tribunal Supremo Electoral, que goza de la amplia confianza de la población y que precisamente tendrá a su cargo la gran “prueba de fuego” con la celebración de las prometidas elecciones más transparentes de la historia del país. Tal vez eso logre convencer a los críticos, aunque la construcción de la democracia es algo que nunca se termina.

Por más esfuerzos que se hagan en Bolivia, por más transparencia y respeto a los procedimientos legales, el socialismo que reina en los organismos internacionales seguirá haciendo urdiendo toda clase de maniobras hasta conseguir que vuelvan los impostores, con los que se comportaron tan tolerantes.