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Editorial/Opinión
Editorial
Al MAS se le acaba el tiempo
Martes,  19  de Noviembre, 2019
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La lucha del MAS posterior al 10 de noviembre luce muy firme pero excesivamente confundida. Ese desconcierto lo sembró el propio Evo Morales cuando se enteró de los resultados de la auditoría de la OEA.

Inmediatamente propuso anular las elecciones, más tarde renunció, huyó del país y finalmente denunció golpe de Estado. Ahora quiere volver al país, pero no sabe decir para qué. Llama a la pacificación, pero él mismo instiga a la violencia e incluso llama a tomar las armas. Todo un caos mental.

El Gobierno de Jeanine Áñez les ha pedido a los que han estado bloqueando y generando conflictos, que presenten sus petitorios y digan concretamente qué es lo que piden, pero ninguno de los líderes de los movimientos sociales afines al antiguo régimen se atreve a decir qué es lo que quieren.

La anarquía también se ha apoderado de los parlamentarios del MAS y de algunas estructuras partidarias que hacen algunos amagos de diálogo con las autoridades, la Iglesia y los líderes de agrupaciones políticas que hacen esfuerzos por apaciguar la situación del país. Tampoco saben exactamente lo que quieren y si plantean el retorno del caudillo derrotado por su propio fraude, no saben plantear el escenario previsto, las condiciones o cualquier otro detalle que ayude a comprender que su propuesta es racional.

Eso le ha quitado fuerza a la lucha que mantienen y por eso es que cada día se ve cómo se izan las banderas blancas en distintos puntos del país, donde militares y policías no tuvieron mucho trabajo en la disuasión.

En este momento, el foco de la violencia se mantiene en Sacaba y en Yapacaní, los principales puntos de entrada al Chapare, donde los cocaleros han asumido la punta de lanza de la pelea. Ellos son firmes pero tampoco son claros en sus posturas, tal vez porque son inconfesables o porque están buscando cómo mantener y prolongar las conquistas logradas durante casi 14 años de hegemonía de su líder sindical, que prácticamente suspendió por todo ese tiempo la lucha contra el narcotráfico. Ellos siempre han sido actores políticos muy eficientes, saben que jugar a los guerreros no les conviene y simplemente están aplicando una estrategia que aprendieron de sus ideólogos socialistas y que consiste en “trabajar al susto”, es decir, negociar con un palo en la mano para “ablandar al oponente”.

Es posible que este análisis esté equivocado, tal vez porque esos ideólogos les lavaron la cabeza a los cocaleros y los confundieron con la teoría de desatar un Vietnam en Bolivia, o porque el narcotráfico está decidido a todo y ha visto la oportunidad de convertir al Chapare en la nueva Sinaloa o en la mismísima Tijuana.

Ya hemos dicho que estas posibilidades son absolutamente descabelladas e inviables, aunque no se les puede dar ni un milímetro de ventaja; de ahí la sabia decisión de los militares y policías de jugarse por la democracia. La misma sabiduría deben asumir en el MAS, pues les queda poco tiempo antes de admitir que no defienden ni a Evo Morales, ni al “proceso de cambio”, sino al crimen organizado.

Los operadores del  MAS deben actuar son sabiduría, pues les queda poco tiempo antes de admitir que no defienden ni a Evo Morales, ni al “proceso de cambio”, sino al crimen organizado.