Siguenos en:
Sábado
 7 de Diciembre de 2019
Editorial/Opinión
Editorial
Últimas consecuencias
Domingo,  3  de Noviembre, 2019
Últimas-consecuencias

La ciudadanía se pregunta cuáles serán las últimas consecuencias, cuando nos encaminamos a la segunda semana de paro indefinido y se han planteado todas las estrategias posibles para la recuperación de la democracia en Bolivia.

Parece mentira que el día después de las elecciones la población boliviana y la comunidad internacional exigían que el Gobierno boliviano acepte la segunda vuelta electoral, medida que estaba al alcance de la mano y que pudo haber evitado este tremendo esfuerzo que han estado haciendo los bolivianos en estos días, con un saldo lamentable de violencia, muerte y derroche de autoritarismo gubernamental.

El segundo paso fue la exigencia de nulidad de las elecciones, salida que el régimen pudo haber tomado si su intención estuviera encaminada hacia la pacificación del país y la búsqueda de una solución que ayude a evitar consecuencias peores que nadie quisiera imaginar.

Finalmente y por consenso de las fuerzas que exigen el respeto al voto, reunidas en multitudes que se han replicado a lo largo y ancho de la nación, se ha decidido pedirle la renuncia al presidente Morales, quien se aferra con uñas y dientes al poder y parece estar dispuesto a exponer a nuestros compatriotas a los más grandes sacrificios con tal de conservar un sistema que transita hacia la inviabilidad y que sólo podría mantenerse a sangre y fuego.

Precisamente, el ministro de la presidencia, Juan Ramón Quintana, en una entrevista concedida a la agencia de noticias rusa Sputnik, ha mostrado con claridad hasta dónde pueden llegar con tal de no ceder en sus insaciables apetitos. Tal como lo hizo el autócrata venezolano Hugo Chávez en 2008, dice estar dispuestos a desatar un Vietnam en Bolivia, lo que quiere decir, llevar adelante una guerra civil, cuyo objetivo final es la aniquilación de un sector de la población que exige pacíficamente la vigencia de la democracia. 

Esas declaraciones no son producto de la improvisación discursiva y tampoco constituyen una amenaza hueca. No después de las constantes invocaciones a la guerra que hace el presidente Morales, de sus llamados a cercar las ciudades y de las advertencias que pronuncia un dirigente del MAS que pide a la gente cuidar a sus hijos de la muerte que les espera si es que siguen bloqueando.

¿Tendrá la OEA alguna idea de las consecuencias que le esperan a Bolivia si es que se empeña en usar la auditoría de las elecciones como una herramienta de legitimación de este régimen dictatorial? Ellos deberían admitir la responsabilidad que tuvieron cuando hicieron lo propio en Venezuela, cuando le rociaron “agua bendita” al triunfo fraudulento de Nicolás Maduro, quien usó ese impulso para dar rienda suelta a la tiranía con represión, purgas ideológicas, encarcelamientos, asesinatos selectivos y toda una serie de atrocidades que se están cometiendo en este momento en aquel país. 

Para los bolivianos no queda otra salida más que seguir en las calles clamando por democracia, haciendo uso de su derecho a la protesta pacífica, hasta las últimas consecuencias.

La advertencia de desatar un Vietnam en Bolivia no es producto de la improvisación discursiva y tampoco constituye una amenaza hueca. No después de las constantes invocaciones a la guerra que hace el presidente Morales, de sus llamados a cercar las ciudades y de las arengas que pronuncia un dirigente del MAS que pide a la gente cuidar a sus hijos de la muerte que les espera si es que siguen bloqueando.