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Editorial
La tarea (im)posible
Lunes,  2  de Febrero, 2009

Normalizar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos no sólo es una tarea pendiente del Gobierno, sino uno de los problemas más complejos a resolver, tanto por sus lógicas implicaciones políticas como por el alcance de los nuevos acuerdos bilaterales. Esto, por supuesto, en el hipotético caso que se logre reanudar la cooperación estadounidense para establecer un frente sólido de lucha contra el tráfico de drogas. Por otra parte, si se diera el caso de un entendimiento, posibilitaría volver a abrir las puertas del Tratado de Preferencias Arancelarias (ATPDEA) para los productos nacionales no tradicionales de exportación.
No obstante, el gran problema a resolver es cómo encarar la erradicación del cultivo de hoja de coca excedentaria. Mientras que para Estados Unidos la hoja de coca está irremediablemente unida a la fabricación de cocaína. Y todo incremento de las áreas de cultivo de coca entra en el terreno de la sospecha y de su fatídico nexo con el narcotráfico. Bolivia, por boca del Gobierno, defiende los cultivos de coca por considerar a esta planta un elemento cultural milenario que no tiene nada que ver con la producción de cocaína. Esa es la perspectiva nacional que se presenta al exterior, pero tampoco es la más convincente.
Porque nos guste o no, la producción de hoja de coca excedentaria se dirige, por intrincados e impensables caminos a la producción de cocaína por parte de organizaciones ilícitas que, día que pasa, se erigen en la amenaza latente contra la institucionalidad de la república. El presidente Morales ya ha advertido que la erradicación de los cultivos de hoja de coca no es una tarea sencilla, más bien todo lo contrario. En su informe de gestión el Presidente ha reconocido la enorme dificultad de lograr la meta “cocaína cero”, lo que implícitamente significa que el país va a tener que seguir viviendo con el duro estigma del narcotráfico.
La cuantiosa cantidad de droga incautada en estos tres últimos años demuestra por una parte, que la producción de cocaína ha aumentado. Por la otra, que la eficacia de las fuerzas de interdicción está consiguiendo marcados logros que no pasan por alto. En cualquiera de los casos, la evidencia salta a la vista: el comercio ilícito de drogas sigue rampante y sin perspectivas de ser contenido en el plazo inmediato. Por ello, deviene en urgente la necesidad de la cooperación internacional multilateral para combatir con más efectividad a las fuerzas del narcotráfico, para que reduzca sustancialmente sus nefastas influencias.
La propuesta gubernamental de incrementar la extensión de los cultivos legales de 12.000 a 20.000 hectáreas, despierta más sospechas que respaldos, hasta cuando se afane en afirmar que la producción de la coca está destinada a su explotación con fines medicinales e industriales. El país del norte considera que toda producción excedentaria va al narcotráfico. ¿Cómo lograr una visión común sobre la lucha contra este flagelo? El asunto es complejo. No se trata tan sólo de droga, sino de innegables connotaciones políticas e ideológicas hemisféricas. Por ello, de cómo se encare la problemática de la hoja de coca dependerá si su erradicación –y la de la cocaína- resulta una tarea (im)posible.

Resulta  urgente y necesaria la cooperación internacional multilateral para combatir con más efectividad a las fuerzas del narcotráfico.

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