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Editorial
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El retorno del MAS
Viernes,  22 de Mayo, 2020
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Los bolivianos cometimos el error de pensar que con sacar a Evo Morales del poder era suficiente. Que después del cocalero no puede haber nada peor; que podemos soportar cualquier cosa, cualquier gobierno, con tal de que el MAS no vuelva a hacerse cargo del país para continuar con su proyecto de instalar una narco-dictadura y a seguir robando como nunca antes se haya visto en la historia.

El problema es que Bolivia todavía sigue en la cuerda floja. Tarde o temprano habrá elecciones generales y Morales puede volver a ganar “limpiamente”, tal como lo hizo en el 2005, con el voto popular en la mano, con un respaldo generalizado y mucho más todavía, con una legitimidad indiscutible, pues la democracia conquistada en 1982 había acumulado cuantiosas deudas sociales, económicas y políticas.

El retorno del cocalero sigue en pie, no sólo porque sus seguidores se mantienen en guerra, haciendo todo lo posible por desestabilizar al Gobierno de Jeanine Añez, sino porque de aquí en adelante, tendrá una ventaja adicional. La economía nacional, azotada por la pandemia, muy pronto comenzará a flaquear y las calles se llenarán de gente exigiendo comida, trabajo, medicinas y lo indispensable para vivir. El descontento será generalizado, se repetirá en todos los países del mundo y las ideologías populistas aprovecharán la coyuntura para reacomodarse e reinstalar sus proyectos políticos.

En el caso latinoamericano, el Foro de Sao Paulo se mantiene al acecho; sus máximos exponentes, desplazados hace poco por su ineficiencia y por grandes escándalos de corrupción, están levantando cabeza, recuperan el discurso y se fortalecen en medio de las penurias causadas por la peste. Los líderes mundiales no ayudan. Es más, hoy no existe liderazgo y la democracia no tiene quién la defienda. Los errores de Trump, de Bolsonaro, del británico Johnson y demás exponentes del mundo libre, no dejan ver las tropelías que cometen dictadores como el venezolano Nicolás Maduro, que de pronto recobra fuerza después de haber estado contra las cuerdas.

Cuando Bolivia le ganó la guerra a la dictadura en noviembre del año pasado, luego de una gesta ciudadana impresionante, dijimos que a partir de ese momento no había lugar para errores, que la democracia no estaba asegurada y que había que trabajar arduamente para recuperar el protagonismo del pueblo, la transparencia y la competitividad del estado, dedicado durante 14 años a servir a mafias, en lugar de atender demandas acuciantes como la salud, cuya situación es calamitosa, mucho más cuando tiene que enfrentar un desafío tan grande como la pandemia.

Mientras que la amargura se apoderaba de la población, tras conocerse el escándalo de los respiradores, los espacios de televisión se llenaban de sujetos que habían permanecido con las voces embargadas durante seis meses. Eran los masistas, dando lecciones de moral y de honradez, poniéndose de ejemplo en la lucha contra la corrupción y presagiando el retorno de Evo Morales al poder. ¿Dejaremos que ocurra?

Cuando Bolivia le ganó la guerra a la dictadura en noviembre del año pasado, luego de una gesta ciudadana impresionante, dijimos que a partir de ese momento no había lugar para errores, que la democracia no estaba asegurada y que había que trabajar arduamente para recuperar el protagonismo del pueblo, la transparencia y la competitividad del estado, dedicado durante 14 años a servir a mafias