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Editorial
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Tormenta perfecta
Miércoles,  20 de Mayo, 2020
Tormenta-perfecta

En Argentina están celebrando con mucho más entusiasmo que nosotros el ingreso de las semillas genéticamente modificadas a Bolivia y calculan que con la innovación se puede triplicar la cosecha de granos hasta alcanzar algo así como cuatro millones de toneladas, lo que representa nada más que el tres por ciento de la producción de nuestros vecinos.

La noticia ha sido destacada con amplios titulares en el diario argentino más importante y parece ser la invitación a muchos productores a buscar nuevos horizontes, en momentos en los que avizoran los nubarrones de una tormenta perfecta en el Río de la Plata, por las tropelías económicas que ha empezado a hacer el Kirchnerismo. La “dama de hierro” del sur ya se le desbocó al presidente Alberto Fernández, quien hacía esfuerzos por mostrarse racional y no enrarecer aún más el ambiente, en el que ya ruge el viento del default.

El problema es que a los kirchneristas poco les importa que el país pueda caer en cesación de pagos. Les vale un comino llevar al país por el sendero de Venezuela, como lo estaba haciendo Cristina Fernández antes de la llegada de Mauricio Macri, quien no hizo más que postergar la fecha de la hecatombe.

Hoy no sólo están dadas las condiciones económicas para conseguirlo, sino que la pandemia les está regalando la excusa perfecta, conducida por el mismo dogmatismo y la proverbial miopía que caracteriza a los populistas que destruyeron varios países bajo el esquema del Socialismo del Siglo XXI.

En Argentina, los cereales y la soya son como el gas para lo bolivianos. Es su principal fuente de ingresos y el motor de la economía, pero a diferencia de lo que ocurre con los hidrocarburos, los granos mantienen precios aceptables y lo mejor es que este año se prevé una excelente cosecha y el pronóstico es todavía mejor para la próxima temporada. La demanda de alimentos es lo único que crece en tiempos de peste, junto con las ventas de Amazon y las suscripciones de Netflix.

A nadie en Estados Unidos se le ocurriría castigar a esos dos gigantes de la tecnología porque les está yendo bien. Ambas promueven el empleo y la producción y obviamente, contribuyen con ingentes cantidades en impuestos. Pero los kirchneristas piensan distinto y no sólo han incrementado las retenciones a las exportaciones agropecuarias, sino que están volviendo al control de precios y lo peor de todo es que comienzan a sonar con fuerza los tambores de la nacionalización y otras medidas recesivas. 

La más reciente propuesta supone la apropiación de aquellas empresas que están recibiendo ayuda del Estado. Los kirchneristas no soportan la idea de ayudar a las compañías en problemas con “dinero público”, desconocimiento que esa plata sale precisamente de las pocas unidades productivas que mantienen un país, donde más de la mitad de la población vive del Estado, es decir, de lo que pagan los privados. Así se destruyó Venezuela.