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Editorial
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Justicia: El vaso rebalsado
Miércoles,  5 de Julio, 2017

Ha conmocionado a la opinión pública el caso de Reynaldo Ramírez Vale, de 27 años, quien pasó los últimos dos años y medio en la cárcel de Palmasola por un crimen que no cometió. Este hecho, que puede ser considerado un terrible error, como muchos de los que aparecen en los documentales policiales de la televisión y que suelen ser llevados al cine es, sin embargo, el fiel reflejo de lo que ocurre con nuestra justicia y representa todos los problemas que necesitamos atacar con urgencia, pero que lamentablemente no figuran en la agenda del “proceso de cambio”, empeñado en otras transformaciones que no tienen nada que ver con las necesidades ciudadanas, sino con las angurrias del poder.

Reynaldo Ramírez fue condenado a 30 años de prisión sin derecho a indulto, acusado de haber asesinado con sadismo a una mujer. Los jueces le aplicaron la sentencia porque consideraron “contundentes” las pruebas en su contra, aunque ahora se sabe que jamás hubo plena certeza de su participación en el crimen. Es más, existe la sospecha de que un fiscal sabía que todo era producto de una confusión por el parecido con el verdadero criminal y jamás atinó a inclinarse por la duda.

Hoy todas las instancias involucradas en el arresto, la investigación, la acusación y el juicio a Ramírez buscan un sinfín de explicaciones y algunos quieren atribuirse el mérito de haber descubierto la verdad, pero lo cierto es que todos actuaron con indolencia, con absoluta ausencia de profesionalismo y displicencia frente a un ciudadano que seguramente no tenía los medios económicos para motivar a los policías jueces y fiscales a indagar y hacer un trabajo más minucioso.

Lo cierto es que nada hubiese cambiado y Ramírez se hubiera “podrido” tras las rejas, de no haber surgido el aporte de una persona anónima que entregó un video con la prueba del vejamen (porque no fue error) al que fue sometido este hombre, cuyo calvario aumentó en la cárcel, no solo por la privación de libertad, sino por el chantaje, los cobros, los abusos y la violencia que ejercen los cabecillas de los presos bajo supervisión de la Policía, destinataria de las ganancias que genera ese sistema.

El caso de Ramírez es conmovedor y sin duda alguna también es paradigmático de lo que ocurre con nuestro sistema judicial, pero desgraciadamente es apenas la punta del iceberg. Afortunadamente este hombre ha logrado justicia y ha podido salir relativamente ileso, hecho que no ocurre con miles de reos que se pasan mucho más tiempo encerrados en calidad de inocentes, pues todos tienen esa condición hasta que se demuestre lo contrario.

Hablamos de los que están detenidos de forma preventiva y de aquellos que son víctimas de una administración judicial corrupta, insensible, altamente costosa, lenta y llena de vericuetos burocráticos que mantiene bajo retardación a más del 70 por ciento de la población carcelaria. Todos ellos permanecen en un medio hostil, sin posibilidades de rehabilitación, sino todo lo contrario, sometidos a un régimen que los pervierte. Por supuesto, también estamos hablando de cientos de presos políticos que, como Ramírez, son víctimas de un ensañamiento que debe cesar cuanto antes.

El caso de Reynaldo Ramírez es paradigmático de lo que ocurre con nuestro sistema judicial, pero desgraciadamente es apenas la punta del iceberg. Miles de reos que se pasan mucho más tiempo encerrados en calidad de inocentes, pues todos tienen esa condición hasta que se demuestre lo contrario.

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