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Enfoques
Lo que jamás se perdona
Sábado,  8 de Octubre, 2016

La situación de Colombia al respecto de la relación que existe entre su gobierno y las FARC durante los últimos 52 años ha sorprendido al mundo desde diferentes perspectivas, por un lado se encuentra el aparente enfrentamiento político ideológico entre ambos, lo que es un ejemplo clásico del binarismo chauvinista.

Por otro lado, la dolorosa realidad en la que la sociedad colombiana se ha visto inmersa al tener que estar sometida al constante estado de incertidumbre generado por la posibilidad de ser presa de los ataques constantes de la guerrilla ante la notoria parsimonia del gobierno local, que ha aprendido a convivir con un actor antagónico mismo que durante más de medio siglo ha impuesto sus reglas de juego aun a costa de la vida de sus compatriotas.
La confrontación entre el ser y el deber ser sea subsumido en la realidad colombiana, los aparentes principios de un supuesto grupo revolucionario que afirma defender los intereses del pueblo ante sus evidentes actividades ilícitas en el mundo del narcotráfico, donde han incurrido en todo tipo de desmanes para defender sus sembradíos de coca, que financian su maquinaria inmensa de sometimiento en contra de aquellos que no pueden defenderse.

En los últimos días el mundo ha puesto su atención en un evento sin precedentes, las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC representan un evento significativo en la historia a nivel mundial, ya que podría abrir la posibilidad de subsanar uno de los conflictos de mayor duración en Latinoamérica desde la segunda mitad del siglo XX.

El pasado domingo 02 de octubre los colombianos que asistieron a las urnas en el plebiscito sobre los acuerdos de paz con las FARC optaron por el no, actitud que ha sorprendido a muchos tanto dentro como fuera de Colombia, la pregunta que queda en el aire es ¿Por qué le dijeron no a la paz?
Maquiavelo afirmó que los hombres pueden perdonar incluso que alguien mate a sus padres pero jamás que les quiten su propiedad, mientras que Hobbes señaló el hecho de que los hombres jamás dejan de lado el deseo de venganza una vez que han sufrido algún mal.

Más allá de la aparente inconstancia entre el deseo de paz de los colombianos y el manifiesto no expresado en el plebiscito, la razón de la negativa radica en la postura simplista del contenido de los acuerdos de paz, para ser más preciso existen dos aspectos que generaron la desaprobación de los votantes.

En primer lugar está el hecho de que los miembros de las FARC sean reincorporados a la vida civil sin ninguna consecuencia inmediata por sus actos, lo que al parecer es una postura moderna al respecto de tratar con un rival, sin embargo, esto generó disgusto por parte de un conglomerado que ha tenido que soportar el miedo durante más de medio siglo, por lo que consideran que el hecho de simplemente aparentar que nada pasó para poder vivir en un aparente estado de paz, significaría el desconocimiento de la memoria de sus seres queridos caídos y la pérdida de su propiedades.

En segundo lugar, reconocer los derechos políticos a los grupos emergentes de la división de las FARC aparentemente es un paso avanzado en la democracia moderna, sin embargo visto desde la perspectiva crítica representa un riesgo, ya que significaría permitir el ingreso de personas de pensamiento vertical al sistema democrático colombiano.

Es necesario reconocer que actuar más allá de lo humanamente aceptable es una acción que en política representa un gran error, una elección binaria que aparentemente es sencilla encierra dentro de sí un sinfín de experiencias y eventos que no pueden ser manifestados en una sola papeleta de votación.

Finalmente podemos señalar que según el viejo refrán errar es humano y perdonar es divino, pero no debemos olvidar que la política está hecha para los humanos y no paras los Dioses.