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?Fotograf?a o tomograf?a?
ECONOM?A en l?nea
Domingo,  29  de Noviembre, 2009

Gonzalo Chavez A.  • Economista - Los indicadores macroeconómicos de los últimos cuatro años, a saber, crecimiento del PIB, inflación, déficit público y reservas internacionales, son bastante razonables y parecidos al período neoliberal. Estos datos muestran que la macroeconomía tuvo un buen desempeño, en gran medida, resultado de la bonanza externa y los elevados grados de continuidad en el manejo de la política monetaria, fiscal y cambiaria. Hecho que es destacable más allá de los discursos de cambio. Esto también explica el entusiasmo del FMI con nuestro desempeño económico.  Inclusive en el  año que termina, cuando todo hacía suponer que la crisis internacional nos golpearía muy fuerte, el PIB nacional crecerá a más de 3%, siendo éste el mejor resultado de América Latina. Todos felices comiendo perdices en la fotografía macroeconómica..
En el pasado neoliberal se acostumbraba decir que la macroeconomía iba bien, mientras que la gente estaba mal. En el período neorevolucionario podemos seguir afirmando lo mismo.  Más aún, ahora con el Fotoshop (un editor de imágenes que trasforma las modelos gorditas en esculturales divas) las reservas internacionales o el crecimiento bonsai de 4,5 por ciento (promedio de los últimos 4 años) se convierten en inéditas y fabulosas curvas de la macroeconomía nacional. Sin embargo, cuando uno saca la tomografía de la economía boliviana verá que detrás del maquillaje y retoque técnico se ocultan viejas y nuevas dolencias, aunque también se pueden observar potencialidades importantes en nuestro aparato productivo.
El procesado de imágenes por secciones (la tomografía) muestra antiguos problemas, que inclusive se han agravado. Como en los años 30, la economía boliviana volvió a ser altamente dependiente de los recursos naturales. Nuestras exportaciones tradicionales representan el 80% del total vendido en el mercado mundial,  en cuanto a las no tradicionales (productos con cierto valor agregado) nuevamente están en torno del 20%.  Retornamos con fuerza al modelo económico primario exportador y rentista que hace muy vulnerable tanto nuestro sector externo como al fisco nacional. Recordemos que este depende en más de 50% de los ingresos que provienen de la venta del gas natural. Claramente, la tomografía muestra que nos aqueja la enfermedad holandesa, cuyo indicador más claro es la apreciación cambiaria. Resultado de esta dolencia:  Crecimiento sin riqueza, desindustrialización de lo poco que había e inhibición del desarrollo del aparato productivo. El tema se complica más aún por la insistencia gubernamental de mantener el tipo de cambio fijo, que le serrucha el piso a nuestras exportaciones no tradicionales y fomenta las importaciones legales e ilegales.
Es justamente este hecho el que también ha generado otro problema que muestra la tomografía, el crecimiento desmedido de la economía informal vinculada al comercio y de manera indirecta al contrabando y el narcotráfico. Veamos algunas magnitudes del fenómeno. En el año 2000, nuestras importaciones apenas llegaban a 1.900 millones de dólares, en el año 2008 estas alcanzaron los 5.000 millones de dólares, sin incluir el contrabando, que deben ser otros mil. El sector comercial legal e ilegal creció de manera importante financiado por el superávit comercial y la explosión de las remesas internacionales. Otro indicador global de cómo el sector comercial creció fuertemente es que las entidades de microfinanzas les prestaron cerca de 1.500 millones de dólares. Un ejemplo contunde del crecimiento del sector comercial es el dinamismo de la Feria 16 de Julio en El Alto. Similares casos se observan en otros departamentos.
La hipertrofia del sector informal vinculada al comercio, contribuyó al estrangulamiento del ya débil aparato industrial, que además de ser menos competitivo por la apreciación del tipo de cambio real, perdió mercados externos por razones ideológicas. Decidimos derrotar, con la indiferencia de nuestras exportaciones de textiles, al imperialismo norteamericano. Informes de inteligencia cuentan que éste tiembla en sus bases económicas porque Bolivia ya no le vende ciertos productos. 
Otra dolencia que se observa con claridad en la tomografía de la economía boliviana es la reducción de la productividad, especialmente, en el sector público. Serios problemas de administración, ineficiencia, corrupción  y dificultades de ejecución de inversión pública son algunos de los síntomas.
Cortes más precisos del cuerpo económico también muestran anemia y atrofia del sector petrolero. En concreto, la empresa pública, que debía ser el estandarte del cambio, no despega por problemas de gestión, corrupción y falta de recursos.  Todo esto ha hecho que el corazón de las reformas funcione mal. Las exportaciones de gas natural se han reducido, los niveles de inversión en el sector son de sobrevivencia, hemos dañado nuestras relaciones con nuestros mercados del vecindario y para completar el desastre, importamos diesel y gasolina.
Pero a pesar de todos estos problemas, la tomografía también continúa mostrando que existe un gran potencial productivo en el país en sectores como el turismo, la agroindustria, los textiles, los productos orgánicos, la industria forestal, entre otros, que dependen de pequeños órganos que el médico gubernamental no ha sabido ni ver, menos aún estimular. Pequeñas y medianas empresas y otros productores luchan por sobrevivir en un cuerpo económico tomado por los gases y de pantomima política.
Por supuesto que en períodos eleccionarios es de esperar que el gobierno cuelgue la fotografía retocada con el fotoshop macroeconómico y guarde la tomografía debajo de la cama. Sin embargo, esperemos que después del 6 de diciembre el gobierno saque la tomografía, reconozca los problemas estructurales de nuestra economía y dé un golpe de timón iniciando la terapia de la revolución productiva.  Mientras tanto, todos de boca abierta frente a la retocada fotografía, anestesiados por los bonos, el tren bala, Miss y Mister Universo, y el satélite Túpac Katari que, literalmente, está en la luna de Paita. Además, para qué ver la tomografía si uno es tan feo por dentro. No ve?

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Gonzalo Chavez
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