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Dormir poco aumenta el apetito
salud y bienestar
Martes,  17  de Noviembre, 2009
Dormir-poco-aumenta-el-apetito

Despertarse en medio de la noche implica, para muchos, la inmediata y aguda necesidad de asaltar hacia la cocina para comer algo antes de regresar a la cama. Un estudio de la Universidad de Chicago relaciona la falta de sueño con un aumento del apetito al mostrar que la privación parcial de sueño altera los niveles de las hormonas que regulan el hambre y el apetito.
Según los investigadores, los sujetos del estudio, 12 varones voluntarios sanos entre 20 y 25 años que durmieron sólo cuatro horas por noche durante dos días, experimentaron un descenso del 18% en la leptina, una hormona segregada por el tejido adiposo que dice al cerebro que no hace falta más comida, y un aumento del 28% en los niveles de grelina, una hormona que provoca la sensación de hambre.
El estudio demuestra que las alteraciones por la falta de horas de sueño en la concentración de estas hormonas dan lugar a un doble mensaje: una reducción de la sensación de saciedad al disminuir la cantidad de leptina y un incremento del hambre al aumentar los niveles de grelina. El resultado de todo ello es un incremento del apetito.
“Es el primer estudio que demuestra que el sueño es uno de los principales reguladores de estas dos hormonas y que relaciona la extensión de los cambios hormonales con la magnitud del cambio en el apetito”, explicó Eve Van Cauter, responsable de la investigación.
El equipo de Van Cauter midió los niveles circulantes de leptina y grelina antes de la investigación, después de dos noches con sólo cuatro horas en la cama y tras dos noches de casi 10 horas de sueño.
Paralelamente, los investigadores evaluaron con cuestionarios la sensación de hambre y el deseo de diferentes tipos de comidas. Según las respuestas, los voluntarios, tras dormir sólo cuatro horas por noche durante dos días, experimentaron un incremento del 24% en su apetito y un aumento del deseo de dulces, como caramelos y galletas; comidas saladas, como papas fritas y frutos secos, y alimentos harinosos, como pan y pasta.
El deseo de fruta, verduras o productos lácteos aumentaba menos. “Todavía no sabemos por qué podría cambiar la elección de alimentos", reconoció Van Cauter. “Dado que el cerebro se alimenta de glucosa, sospechamos que cuando está afectado por una falta de sueño busca carbohidratos sencillos”, indicó.
El equipo de la universidad de Chicago se ha atrevido incluso a relacionar la falta de horas de sueño con la obesidad. Lo cierto es que los datos epidemiológicos parecen indicar que la reducción crónica de las horas de sueño y el aumento de casos de sobrepeso y obesidad son dos fenómenos que evolucionan en paralelo en las sociedades modernas desde hace algún tiempo.
En los últimos 40 años, los adultos estadounidenses han reducido su tiempo medio de sueño en casi dos horas. En 1960 dormían una media de 8,5 horas diarias; en 2002 esa cifra se redujo a menos de siete horas por noche. Durante el mismo período, la proporción de adultos jóvenes que duermen menos de siete horas ha pasado del 15,6% al 37,1%. Ahora, sólo el 23,5% duerme al menos ocho horas por noche.
Con el peso ha ocurrido lo contrario. En 1960 sólo uno de cada cuatro adultos tenía sobrepeso y uno de cada nueve era obeso. Ahora, dos de cada tres adultos tienen sobrepeso y casi uno de cada tres es obeso. Aunque no está claro que estas dos tendencias estén unidas por un vínculo causal, existen diversos estudios en los que se muestra una relación entre dormir poco y una tendencia al sobrepeso.
A juicio de otros expertos; sin embargo, la relevancia del estudio de Van Cauter es cuestionable. Marià Alemany, profesor del Departamento de Nutrición de la Universidad de Barcelona, investiga desde hace años la relación entre las hormonas esteroidales y la obesidad en roedores. Según Alemany, el estudio se limita a describir los síntomas a que da lugar la falta de sueño en forma de alteraciones en los niveles de leptina y grelina, pero no explica el mecanismo que está detrás de ese aumento del apetito.
www.elpais.com

Adolescentes somnolientos

La progresión del sobrepeso y la obesidad entre la población infantil y juvenil es conocida. No ocurre lo mismo; sin embargo, con la tendencia simultánea de los jóvenes a dormir cada vez menos horas. Ver la televisión, conectarse a la Internet y escuchar música son actividades a las que los adolescentes dedican buena parte de sus horas de sueño. De hecho, el 60% de ellos duerme entre una y dos horas menos de las ocho o nueve recomendadas, según Eduard Estivill, director de la unidad del sueño del Instituto Universitario Dexeus de Barcelona.
En EEUU el fenómeno ha alcanzado tales proporciones que algunas escuelas retrasaron la hora de inicio de las clases para combatir los efectos del déficit de sueño sobre el rendimiento escolar.
Las consecuencias que la pérdida de horas de sueño tiene sobre la salud de los adolescentes son tan amplias y variadas que incluyen desde los cambios emocionales hasta los trastornos fisiológicos. "El sueño es la fábrica de nuestro día. Durante el sueño el organismo fabrica todo lo que gastará en la jornada siguiente", aseguró Estivill. “Lo que sabemos es que cuando hay déficit de sueño el niño sufre irritabilidad, mal humor y falta de concentración, pero también se producen alteraciones de tipo bioquímico que afectan, la secreción de hormonas, como la del crecimiento”, afirmó Estivill.

Los sueños violentos y la agresividad

El 2% de las personas sufre episodios de violencia mientras duerme. Diversos trastornos del sueño motivan que estas personas amanezcan lesionadas, que anden durante la noche o que, en casos extremos, lesionen de forma grave a su pareja de cama.
La violencia durante el sueño tiene muchos grados y puede ir desde un simple golpe en cualquier parte del cuerpo propio o del acompañante a graves lesiones tras caerse desde unas escaleras o por una ventana.
Todos los síntomas suelen esclarecerse mediante el interrogatorio al paciente y la exploración médica. Dentro de los trastornos que pueden entrañar violencia, destacan dos, en opinión de Pareja. Uno de los más conocidos es el sonambulismo, un despertar súbito en el que el individuo desarrolla una actividad compleja, pero de forma inconsciente.
Otras veces la situación ejecuta actos más peligrosos, como andar por diferentes dependencias. En los menores, el sonambulismo se da tanto en niños como en niñas; en los adultos, predomina en los varones y, en general, resulta agresivo. Existen casos en los que algunos pacientes mueven las piernas como para salir corriendo mientras, en otros casos extremos, llegan a la agresión contra sus parejas. “El problema en estos dos casos es que los pacientes no se acuerdan de haber realizado ninguna actividad durante el sueño”, señaló Antonio Pareja.

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