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Bajo el Penoco
Editorial
Brasil-Bolivia, afectos e intereses
Domingo,  4 de Septiembre, 2016

Qué gana Bolivia con la alharaca que ha hecho el gobierno en relación a la destitución de Dilma Rousseff? La expresidente brasileña habrá hecho un gesto de asombro y tal vez Lula ni siquiera tuvo tiempo de informarse bien del asunto. ¿Qué gana el país en este momento con seguirle los pasos a Venezuela, que fue mucho más lejos todavía y ha decidido congelar las relaciones con Brasil.

Es urgente que nuestra autoridades comiencen a pensar en el interés del país antes que en la sintonía ideológica con regímenes que aplauden, sonríen y brindan apoyo moral, pero que jamás cometerían el error de poner por encima del beneficio nacional, la afinidad política con ciertos líderes o partidos. Y en ese sentido, la socialista, exguerrillera, izquierdista y acérrima militante del socialismo del Siglo XXI, Dilma Rousseff, se portó como una verdadera estadista cuando tuvo que defender los intereses de su país y no le importó manifestar su hostilidad hacia Bolivia en reiteradas ocasiones durante su mandato y anteriormente como ministra de energía y minas.

Hay que recordar que la señora Rousseff no hizo ninguna visita oficial a Bolivia en más de cinco años que estuvo en la presidencia. Fue su manera de responder ante la nacionalización de los hidrocarburos de 2006, que afectó las ventajas que tenía la petrolera Petrobras en Bolivia. También fue una respuesta ante la negativa de las autoridades bolivianas de entregar al salvoconducto al senador opositor Róger Pinto, a quien le concedieron el asilo en la embajada brasileña en La Paz y a quien le ayudaron a salir de manera furtiva del territorio para llegar hasta Brasilia.

Posterior al escándalo de la cinematográfica salida de Pinto, Brasil retiró a su embajador y prácticamente mantuvo en suspenso las relaciones con Bolivia por dos años, hasta por fin repuso su representante en La Paz el año pasado, pese a que nuestro país no respondió con la reciprocidad que se acostumbra en estos casos y que acaba de producirse precisamente en estos días con el llamado del embajador brasileño.

Ni siquiera Lula, a quien llamaban cariñosamente “el hermano mayor” fue benevolente con Bolivia. Fue justamente el presidente brasileño el que le hizo el juego a su colega Hugo Chávez con ese esperpento denominado “Gasoducto del Sur” con el que Venezuela nos chantajeó a los bolivianos para frenar la expansión gasífera en finalmente se consolidó. Lula usó a Bolivia para su corruptela, proyectó la carretera por el TIPNIS, pero cuando se habló de un corredor bioceánico entre Perú y Brasil, los brasileños excluyeron al territorio boliviano.

Brasil ni sus gobernantes, no guían sus relaciones internacionales por afectos y desafectos; lo hacen en defensa de los beneficios que puedan obtener. No se puede hacer un juicio moral acerca de esta actitud y menos todavía tener un enfoque tan subjetivo como el que expone ahora el Gobierno boliviano con su reacción ante una movida política interna. Al hacerlo, pone en riesgo un aspecto tan vital e importante como el negocio el gas con el mejor cliente que tenemos.

Brasil ni sus gobernantes, no guían sus relaciones internacionales por afectos y desafectos; lo hacen en defensa de los beneficios que puedan obtener. No se puede hacer un juicio moral acerca de esta actitud y menos todavía tener un enfoque tan subjetivo como el que expone ahora el Gobierno boliviano con su reacción ante una movida política interna.