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OPINION
El tacú de papel
El miedo a la libertad
Martes,  27 de Marzo, 2012

Dos grandes amigos y ejemplos de vida se fueron en marzo: Luis Espinal y Domitila Chungara. El primero, formidable y singular sacerdote jesuita que desafiando a las dictaduras militares perdió la vida a manos de cobardes sicarios que exigían renuncie a sus ideas de libertad y justicia. Perdió la vida pero sin duda ganó la inmortalidad. Mujer valiente como pocas, Domitila se enfrentó con solo su dignidad a las fuerzas negras de la dictadura. Vivió con entereza y humildad, luchando contra el miedo que atenazaba el ambiente. Sufrió lo indecible en las cárceles de torturas pero logró levantar al pueblo boliviano en la recuperación de la democracia. Ambos, en vida, nos hablaron del miedo.
 
Quizás no como Erich Fromm, en su profundo psicoanálisis de la sociedad expresado en su obra "El Miedo a la Libertad", donde señala de manera pionera cómo los factores sociales, valores y normas éticas pueden ayudar a comprender los fenómenos socio-culturales de nuestro tiempo. Para ello, Fromm recurre a los potenciales instrumentos conceptuales de la adaptación dinámica y el carácter social, para explicar las conductas sicológicas sociales que impiden a la sociedad humana transitar por los caminos de la transformación social sin temor. El miedo a la libertad se puede resumir en la resistencia social a aceptar que todo cambia, que lo viejo debe dar paso a lo nuevo inevitablemente.
 
Miedo y libertad son conceptos ligados a la existencia humana. Ambos nacen de la actividad cerebral y se manifiestan en las conductas sociales colectivas. De ahí que el psicoanálisis pueda ocuparse de ellos para formular hipótesis sobre el individualismo y el colectivismo. Con tales conceptos se puede hablar del origen del fascismo y sus deplorables efectos, por ejemplo, y el difícil tránsito hacia una sociedad mejor. Con esos conceptos y ayudados por la adaptación dinámica de la gente a diferentes situaciones socio-políticas-económicas y la forma cómo se conducen ante situaciones límite, se explican el Muro de Berlín y su caída, la situación palestino-israelí o el conflicto árabe.
 
De pronto, tiene su razón de ser la política de discriminación a los pueblos en desarrollo, porque se trata de un asunto de hegemonía del poder planetario. Se explica aunque no se la justifica. Del mismo modo las luchas intestinas de un país, donde confluyen los intereses de individuos y grupos junto a los de bienestar colectivo. Asombra, por ejemplo, la facilidad con que los sectores de derecha adoptan las formas de lucha de los sectores de izquierda, con resultados de diverso grado. El miedo a la libertad explicaría por qué en regímenes democráticos aún hay problemas de libertad de expresión y conflictos con la expresión de la libertad. Desinformación a lo Göebbels.
 
El miedo surge desde el mismo momento del nacimiento, dicen los que saben, porque forma parte del instinto de la supervivencia, mientras que la libertad es una conciencia adquirida de la necesidad. Saber lo que necesitamos hacer puede romper las barreras del miedo, como hizo Luis Espinal al denunciar las atrocidades de la dictadura. Un acto necesario y valiente, consciente y transformador. O lo que hizo Domitila, al lanzarse en huelga de hambre, cuando lo menos que podían hacerle es volverla a encerrar en los calabozos y volverla a torturar. Pero ella sabía: “Solo quiero decirles estito. El enemigo principal no es la dictadura. Nuestro mayor enemigo es el miedo. Lo tenemos dentro”.

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Fernando Luis Arancibia Ulloa
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