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Viernes
 22 de Noviembre de 2019
OPINION
Colonias resisten
San Juan y Okinawa se constituyen en un legado histórico de la migración nipona a Bolivia. Su influencia persiste pese a disminuir sus habitantes originales.
Domingo,  21 de Julio, 2019
Colonias-resisten

Mi esposa llegó con sus padres con solo 5 años, acá no había más que monte. Solo necesitaban encontrar un río y esto se convirtió en el lugar perfecto", explica Germán Bravo, un profesor paceño casado con Shizuno Kishimoto, pero cuyo nombre fue castellanizado a Aida de Bravo. "Ellos llegaron tal cual se ve en la estatua", grafica y apunta al monumento a una familia inmigrante instalado en el frontis del imponente edificio de la Asociación Boliviano Japonesa (ABJ) en el municipio Okinawa 1.

Unas 200 personas, japonesas, descendientes y cónyuges bolivianos esperaban a la princesa Mako, que culminaba una semana de visita al país conmemorando los 120 años de inmigración nipona a Bolivia.

Bases sólidas
Un día antes estuvo en la otra colonia, San Juan, que se estableció un año después de Okinawa. "Es un motivo de gran alegría para mi poder estar en este país y celebrar este 120 aniversario en compañía de ustedes, el establecimiento de esta colonia San Juan data desde 1955, tengo entendido que abrieron la selva virgen, construyeron carreteras y establecieron sus vidas en medio de dificultades como el clima severo y aprendieron el idioma y las costumbres. Las generaciones jóvenes deben tomar el ejemplo dejado por sus antepasados en función a contribuir con su desarrollo, quiero expresar mis votos por la salud y prosperidad de la región y la contribución a un mayor fortalecimiento entre la amistad de Japón y Bolivia", agregó.

En Okinawa repitió un discurso similar expresando "su profundo respeto a los pioneros que llegaron con sus familias, compartieron el trabajo y vivencias con los lugareños y heredaron su conocimiento y legado a las nuevas generaciones".

San Juan es considerada la Capital Arrocera de Bolivia y Okinawa, la Capital Triguera del país. En el primer caso están registradas 235 familias de descendientes japoneses que viven en San Juan, haciendo un total de 761 Nikkei (descendientes de japonés) y 238 personas como Issei (provenientes de Japón que mantienen la nacionalidad japonesa), según el último censo. 

"En Okinawa, donde cumplimos 65 años de la inmigración, en la actualidad somos 260 familias, en las cuales hay más de 900 japoneses", explicó el representante de la Asociación Boliviana Japonesa, Sazushi Higa.

El profesor Bravo recuerda: "Cuando yo era director del colegio de Okinawa, hace 30 años, la proporción era de 70% japoneses y 30%, bolivianos. Hoy, es justamente al revés".
Con estos números cabe preguntarse ¿cuál es el futuro de la colonia?

Legado eterno
Makoto y Michiko Nakamura son un joven matrimonio que acaba de abrir un restaurante en San Juan. Su especialidad son las tradicionales sopas de fideos Ramen, que el prepara a mano personalmente. Makoto es de San Juan, pero Michiko es nacida en Okinawa. Sin embargo, ambos se conocieron en Japón. "Decidimos volver y emprender este negocio. Acá tenemos familia, amigos", explica la mujer. Además, en el local se venden productos locales y bijoutería japonesa.

Las letras de su restaurante están en caracteres japoneses. Probablemente la presencia japonesa es más evidente en San Juan que en Okinawa, donde se nota mucho más establecimiento de migrantes del Occidente boliviano y en menor escala, 'cambas' del Norte Integrado llegados de Montero, Portachuelo o Buena Vista, atraídos por los negocios agropecuarios. Sin embargo, más allá de lo cultural o simbólico, los descendientes asiáticos, agrupados en las asociaciones bolivianos japonesas de ambos municipios manejan dos grandes instituciones empresariales Caisy y Caico, las dos cooperativas agropecuarias que producen arroz, harinas, fideos y trigos de amplio consumo en el mercado nacional.

Son dueños de miles de hectáreas de cultivos, pero que además manejan tecnología de punta para producir, por ejemplo, arroz inundado de alta calidad, o peces de criadero para exportación.

Legados históricos
Hace 30 años, sobre todo en Okinawa era común ver casas de estilo oriental, similares a las que se ven en películas chinas o japonesas. Esas viviendas han desaparecido para dar paso a mansiones que tienen  un aire asiático pero que bien podrían pasar por bolivianas. La mayoría de las casi 500 familias 'nikkei' que viven en ambas colonias han elevado ostensiblemente sus ingresos gracias a la agroindustria desarrollada en la zona. Se nota además en los vehículos de alta gama, botes para ir de paseo o pesca en los ríos cercanos y electrodomésticos de primera línea, muchos de ellos adquiridos  directamente desde Japón por sus familiares. Algunos letreros en japonés, tiendas de productos importados y un Toori en la plaza principal de Okinawa son algunos de los vestigios de la prensencia nipona original en estas colonias. El Torii o puerta del sol es un arco de tres maderos que suele encontrarse en los santuarios sintoístas, que era la religión de los primeros habitantes okinawenses. Asimismo, en el cementerio de Okinawa predominan obeliscos e inscripciones en caracteres asiáticos. No así en San Juan, pues los japoneses que llegaron allí en su mayoría eran cristianos. Los cementerios, que son varios pequeños en cada municipio son otro legado histórico de los inmigrantes. En sus instalaciones se puede interpretar parte de la historia que trajeron. Se puede armar una genealogía para cualquier investigador interesado. 

Incluso, los okinawenses han dejado expresado su propia lengua, que varía del japonés tradicional.

Pero también dejan un legado vivo en su idiosincracia, marcada por el respeto irrefutable hacia los ancianos y sus ancestros ya fallecidos; una honradez a prueba de fuego; y un culto al trabajo arduo, honrado, que da frutos.

En 1954, cuando llegaron a Okinawa no tenían nada y construyeron todo. Lo mismo sucedió un año después en San Juan. Incluso cultivaron sus propias verduras, como el mizuná, una delicatessen hoy en día. Y cultivaron también una amistad eterna con Bolivia.