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Miércoles
 26 de Septiembre de 2018
OPINION
Paremiolocogi@
Ir o no ir a La Haya: that's the question
Lunes,  12 de Marzo, 2018

En estos tiempos de delirios totalitarios –no sólo del régimen sino, hasta de parte de la sociedad- ¡Qué complicado nos resulta comprender el derecho a discrepar que tiene cada ser humano¡, especialmente en temas que, algunos suponen, debieran ser dogmas indiscutibles e intocables, aunque sea desde las diversas opiniones al respecto y por tanto, desde los distintos matices, siempre personales. 

Uno de ellos, sino el principal aquí, es la reivindicación marítima. Hay quienes, sostienen que cual ovejas, todos absolutamente todos debiéramos –so pena de ser inmediatamente tildados, de traidores a la santa causa del mar- estar no sólo de acuerdo –asumo que gran parte lo estamos- sino convertirnos en activos militantes de las acciones preparadas por el régimen, que por su crónica confusión entre sus intereses partidarios y los de la gente (que cada vez más, no coinciden), no siempre van a ser compartidas, sin que ello signifique necesariamente que uno no comparta con el tema, en términos generales: supongo que existe una gran mayoría de bolivian@s que deseamos retornar a nuestras costas.

Así las cosas, el banderazo (usando una del color que representa, vaya coincidencia, al régimen y, que luego le servirá en campaña) y no la tricolor con la que estimo muchísimos más ciudadanos nos sentimos identificados, puede inscribirse en ese afán antes descrito y, a propósito, también la peregrinación oficial a La Haya, por la que los 30 escogidos por el Presidente, deben asistir so pena de ser confinados al infierno de los no patriotas. Por supuesto que de los 30 elegidos, 15 deben ser los abogados de nuestro equipo jurídico que son realmente los indispensables, puesto que en las audiencias de cierre del pleito, de lo que se trata es de formular y responder nuestros alegatos y los de contrario; pero el resto, vayan o no vayan, será absolutamente irrelevante para su resultado. 

De ahí que la polémica instalada por el régimen, sutilmente iniciada –el gallo sabe más por viejo que por gallo- por el ex Presidente Paz Zamora, que en ejercicio de su legítimo derecho a discrepar anunció y explicó públicamente sus razones absolutamente respetables además, para declinar la “invitación” a peregrinar a La Haya e incluso, hasta el momento de escribir esta opinión, la duda metódica en la que supongo debe estar debatiéndose el ex Presidente Quiroga, dado el proceder de la dictadura Cubana y la vergonzosa postura del régimen postrado de rodillas ante ella, prueba que en la Bolivia plurinacional, discrepar no es uno de los principales derechos humanos (fundado en nuestro derecho fundamental de libre pensamiento y luego de expresión del art. 21 de la CPE  y 13 de la CADH), sino una suerte de crimen para el oficialismo, con el agravante de contradecir, la postura oficial de su jefazo.

No señores, discrepar, así sea de la postura oficial (ista) dictada por el supremo jefazo (de algunos) y respecto de un tema de altísimo interés de gran parte de los ciudadanos,  constituye un derecho más y no debiera despertar los demonios totalitarios de absolutamente nadie, sino más bien alentar la fantástica posibilidad de analizar todos los temas desde diversas perspectivas, incluyendo por supuesto, los matices personales de cada ciudadano. 

Como enseñan los científicos Valladares, Rodríguez - Gironés y Moya: “Discrepar desarrolla el músculo del intelecto, permite matizar y enriquecer el debate dando lugar a nuevas posiciones y propuestas donde no tiene por qué haber un ganador y un perdedor”, si realmente nos consideramos una sociedad democrática y, por tanto abierta al debate de absolutamente todo, no debieran existir dogmas intocables, hasta por los pétalos de las ideas, así sean muy diferentes entre sí. ¿Por qué cuesta respetar las diferencias? El principal motivo, según especialistas en sicología, es porque las personas no logran respetarse hacia sí mismos, haciendo imposible hacerlo a los demás, deseando que su posición sea primero, sin importar lo que piensen o sientan los otros. CONFUCIO decía: “Aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender, peligroso”.

 

Acerca del autor:
Arturo--Yanez-Cortes-
Arturo Yáñez Cortes
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