Siguenos en:
Jueves
 21 de Noviembre de 2019
OPINION
Temas
La utopía energética del siglo XXI
Miércoles,  19 de Abril, 2017

La nueva utopía energética de este siglo XXI parece ser alcanzar ciudades iluminadas solamente por energías renovables. Una utopía que se enfrenta tozudamente a la fortaleza de los combustibles fósiles como el gas y, por supuesto, el petróleo, convertidos en una especie de íconos inamovibles de nuestros tiempos, precarios tiempos, que parecen estar a la espera de una nueva catástrofe de dimensiones apocalípticas.

La nueva utopía y/o representación imaginaria de una civilización ideal que nos llega por la vía de las renovables, nos habla de un proyecto de generación de energía desligado de los combustibles fósiles que, por ahora, son el sustento del poder mundial y que sin duda también surgieron buscando alcanzar una sociedad perfecta; con todos los habitantes gozando de energía, aunque probablemente sin prever los efectos que estos combustibles tienen en contra del medio ambiente. 

Si bien es cierto que los combustibles fósiles “per se” no son ni buenos ni malos y que su impacto en el ambiente se debe a la gestión del hombre durante el proceso de exploración y/o explotación de los mismos; no es menos cierto que nuestra “fósil dependencia” está contribuyendo notoriamente en el calentamiento global, más allá de todos los esfuerzos por paliar los efectos de una matriz energética mundial que se sostiene en aproximadamente un 80% gracias al carbón, gas y petróleo.

En efecto, en la matriz energética mundial la nuclear ocupa un 4%, la hidro un 7%, y las otras renovables un 2% graficando un mundo anclado en los combustibles fósiles. Con todo, hace unos días salió en la prensa una noticia refiriendo que en Estados Unidos “...el país del fracking desmelenado, la negación académica del cambio climático y el aumento de los presupuestos armamentísticos (...), existe una pequeña ciudad de algo más de 42.000 habitantes que solo se abastece de energía generada por fuentes renovables.”

Según el periódico El País de España, la ciudad sería Burlington, en el Estado de Vermont, fronterizo con Canadá, y donde al parecer todo comenzó en 2004 cuando se dejó de comprar electricidad a la única planta nuclear que había en la zona. Actualmente y de acuerdo a esta misma fuente, “la ciudad puede presumir de un combo energético que incluye la biomasa (en un 45%), hidroelectricidad (30%), eólica (24%) y solar (1%)”

“La decisión de las administraciones de apostar por las energías limpias impregna todo el estilo de vida de sus habitantes (...) y no hay nada mágico en ello,” dice la nota que resalta que se trataría de una jugada dirigida a explotar simplemente lo que se tiene: sol, vientos y agua “en unos ríos más poderosos que en otros lugares”, remarcando que “el acento, pues, está simplemente en dejar a un lado intereses económicos y tomar la decisión de apostar por un cambio que asegure el futuro de nuestro planeta.”

A nivel general, las decisiones no van por esa dirección. El mundo solo está consciente de las inmensas potencialidades de los combustibles fósiles para abastecer la imparable demanda energética de la humanidad y va por más. Sin embargo, algunos mitos en contra de las renovables han caído. Por ejemplo, el mito de que son caras, pues los últimos años los costos de la eólica y la solar han disminuido notoriamente y el desarrollo de la tecnología muestra que están en buenas condiciones para funcionar a nivel mundial.

No hay duda que la apuesta racional no es por una batalla entre combustibles fósiles vs renovables. Por supuesto que no resulta fácil el cambio de matriz energética de la noche a la mañana, pero, si es posible armar, sin pausa, un modelo de energía que le permita al planeta una matriz cada vez más diversificada, en base a una política de Estado de largo plazo y armonizada con la racionalidad ambiental, sin descuidar la oferta y la demanda, casada con hábitos de eficiencia energética.