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OPINION
Enfoque Internacional
¿Y cuál es tu ética?
Lunes,  18 de Mayo, 2015

A menudo nos quejamos de cómo vivimos. La velocidad, la falta de tiempo, la ansiedad, las presiones, la urgencia, en fin, la lista de motivos es larga e incluso puede ser personalizada. Podríamos detener la noria de la queja con una pregunta: ¿cómo deberíamos vivir? Aunque no lo parezca, tras la pregunta asoma la moral. Porque la moral trata de eso, de cómo deberíamos vivir. Claro que va más allá de las simples costumbres cotidianas y de los hábitos, aunque los incluye a ambos. Alude a valores. Y los valores no son sino reglas que hemos aceptado, tácitamente y a través de la educación formal y familiar, para convivir. Sin ellos acaso la humanidad hubiera tenido una historia muy corta. Si nos matamos por cualquier cosa, la vida no vale nada, entonces convertimos la vida en valor a respetar. Si todos mentimos, no hay verdad que resista, de manera que la convertimos en un valor a honrar. Si todos robamos, nadie tendrá nada, así que hacemos de la honestidad un valor. Y así con la larga lista de valores en la que coincidimos.

Decía Glauco, personaje de la República, uno de los extraordinarios diálogos con los que Platón contribuyó a cimentar el pensamiento occidental, que, en definitiva, actuamos moralmente porque nos conviene y no porque la moralidad venga en nosotros. Esto es un tema de vasta y larga discusión en la que participan y han participado otros grandes, como Immanuel Kant, quien veía en la moral casi una consecuencia obligatoria de la razón. Si somos humanos y aplicamos la razón, atributo que nos eleva por sobre otras especies, deberíamos actuar moral y libremente. No hay árbitro afuera de nosotros, decía. Cada quien debe actuar como quisiera que todos lo hagan y solo robar, matar o mentir si está dispuesto a que eso se convierta en ley universal. No es una cuestión de sentimientos, sino de razón, afirmaba el filósofo alemán. Y nadie puede decir que no entiende esto. Quien sigue los dictados de la razón y actúa de un modo moral no debe esperar recompensa, añadía el autor de Crítica de la Razón Práctica, porque el premio de una acción moral está en la misma acción. En esa línea toda persona debe ser tratada como un fin en sí mismo y no como un medio. En síntesis, elegimos ser morales.

Hasta aquí la moral. ¿Y la ética? ¿Son sinónimos? Hay quienes dicen que sí y quienes las diferencian. Así como la moral dice qué debemos hacer, la ética vendría a dar cuenta de qué elegimos hacer. Y está bastante claro a la luz de nuestras experiencias cotidianas que no siempre y no todos hacen lo que se debe, sino lo que conviene. Es decir que las prioridades personales en materia de conducta con frecuencia suelen dejar de lado la moral. Por esta razón no alcanza con invocar una ética para certificar que un acto, una conducta o una actitud son morales. De hecho hay éticas diferentes. Los delincuentes tienen la propia (en ella robar está bien visto), los futbolistas la suya (un codazo en el ojo a un adversario o la simulación de una falta dan patente de vivo), igual en la política (donde hay quienes dicen que sin platita no se puede militar), etcétera. Esto por nombrar solo algunas de las muchas éticas (se les suele llamar códigos) en las que se elige al margen de lo que se debe. Luego, por supuesto, podrían enumerarse otras visiones éticas que se guían por los valores morales que, como tales, van más allá de los tiempos y las geografías.

Si se observa con atención, se verá que muchas veces las quejas acerca de los ritmos y los modos de la vida que llevamos tienen relación con las grietas que se abren entre ética y moral. Y que nadie puede contribuir a cerrar si no es cada uno con sus actos, sus elecciones, sus decisiones y sus conductas. La puerta de la moral se abre desde adentro.

autor : Sergio-Sinay
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