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Tribuna
El Cerco a Santa Cruz y el caso 'Terrorismo'
Jueves,  30 de Mayo, 2013

Estos dos eventos muestran de cuerpo entero, la trágica relación del Estado Plurinacional con Santa Cruz. Santa Cruz ha tenido poca suerte con Bolivia. Fueron siete los ataques armados que recibió de parte de ella, en los 188 años de vida republicana.

- El primer ataque fue en 1877, contra nuestro prócer Andrés Ibáñez, quien sostenía que la pobreza de Santa Cruz se debía a “la tiránica forma de gobierno unitario”. El presidente Hilarión Daza envió al Ejército Nacional contra Santa Cruz e Ibáñez, y finalmente terminó fusilándolo. Este hecho quedó impune, enmascarado como un acto de sedición.

- El segundo ataque armado fue en 1891, contra otro movimiento federalista denominado la Revolución de los Domingos. Como era de esperar el movimiento fue reprimido por el presidente de la época, Aniceto Arce, quien envió al Ejército Nacional contra el pueblo cruceño. Sus principales líderes fueron al exilio y a prisión. La impunidad de este acto fue idéntica a la de Ibáñez.

- El tercero fue en 1892, trágico episodio conocido como la Masacre de Kuruyuki. Esta vez contra una de las etnias nativas más importantes del Oriente, como son los Chiriguanos, quienes reivindicaban sus tierras ancestrales. La batalla de Kuruyuki terminó con la muerte de 1.000 nativos a manos del Ejército Boliviano y la posterior ejecución de su líder Apiguaiki Tumpa. El presidente fue el mismo que un año antes atacó Santa Cruz, en la Revolución de Los Domingos, Aniceto Arce. Y la impunidad histórica fue la de siempre...el silencio de la justicia.

- El cuarto ataque armado fue en 1924, la lucha del momento era conseguir un ferrocarril que uniera oriente a occidente. Los dos partidos existentes, el Orientalista y el Regionalista, llevaron adelante el levantamiento conocido como Ferrocarril o Nada. El presidente centralista de la época, Bautista Saavedra, como ya era costumbre, envió contra Santa Cruz al Ejército Nacional, comandado por el alemán Hans Kundt, que dirigió años después la Guerra del Chaco. Los revolucionarios fueron expatriados, declarados separatistas y traidores a la Patria. Y la impunidad histórica fue la de siempre...el silencio de la justicia.

- El quinto fue en 1958, este ataque fue dirigido contra el pueblo cruceño y en especial contra el Comité pro Santa Cruz, que buscaba el pago de sus regalías petroleras. El presidente de turno, Hernán Siles Zuazo, envió hordas de milicianos ucureños; con el apoyo del Ejército Nacional, mataron y vejaron a nuestra gente. Principalmente en Terebinto y las Liras. Los dirigentes cívicos fueron exiliados, entre ellos nuestro Patricio Melchor Pinto. Y la impunidad histórica fue la de siempre...el silencio de la justicia.

- El sexto ataque armado se desató en 1959, y fue una continuación del anterior. Con el pretexto de la muerte de un policía, el mismo presidente Siles Zuazo envía otra horda punitiva contra Santa Cruz. “movilizando diez mil efectivos militares y cinco mil milicianos, entre mineros y campesinos de ucureña, que proclamaban la misión de eliminar a los separatistas cruceños”. Nuestra gente fue tomada presa y enviada al Panóptico Nacional en La Paz y otros exiliados a Lima. Entre ellos nuevamente Melchor Pinto. Y la impunidad histórica fue la de siempre...el silencio de la justicia.

- El séptimo fue en 2008, denominado el Cerco a Santa Cruz, durante la presidencia de Evo Morales. Este evento medieval protagonizado por  la Conalcam, cocaleros y Fidel Surco, salió de Cochabamba atemorizando a poblaciones de la zona occidental de Santa Cruz, llegando hasta Montero. Asesinando en su paso al profesor de Portachuelo Pedro López y al Unionista de La Guardia Edson Ruíz. Y la impunidad histórica fue la de siempre...el silencio de la justicia.

Siete meses después del séptimo ataque, la población despierta con el estruendo de bomba y metralla, en un céntrico hotel cruceño. Tres extranjeros son asesinados y acusados de formar una banda terrorista, lo que desencadena una nueva persecución contra gente de esta tierra, como en la época de los ucureños.

Aquí se manifiesta, nuevamente, la histórica forma de tratar a bolivianos de uno y otro lado. Una “justicia” diferenciada, implacable para unos e inexistente para otros.

Lo que para unos  fue impunidad, para los otros fue atropellos, violación de los derechos humanos. Se violó su derecho al Juez Natural. El Ministerio Público actuó con una vergonzosa falta de objetividad e imparcialidad en las investigaciones. Las detenciones preventivas excedieron el plazo legal. La duración del proceso superó los límites permitidos. La falta del debido proceso fue completa.

Finalmente insisten en un juicio fuertemente desacreditado, ante la opinión pública nacional e internacional, que observa azorada hasta dónde serán capaces de llegar.

La disimilitud en que la justicia trató el caso del Cerco a Santa Cruz y el caso “Terrorismo”, es una vergüenza para ella y para el Estado boliviano. Así no se construye País.

La impotencia ante la falta de justicia es terrible, sólo paliada con la fe en la Divina Providencia, que desde 1561 protege a la tierra que lleva por nombre la Cruz de Cristo. Porque Santa Cruz es una tierra Santa, fundada en nombre Del Padre, Del Hijo y Del Espíritu Santo. Históricamente hemos visto el cadáver de nuestros enemigos pasar frente a vosotros, los actores materiales e intelectuales de este caso, no será la excepción.