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Zar del nuevo siglo
Liderazgo. Putin impuso su estilo personalista para gobernar Rusia.
Domingo,  11 de Agosto, 2019
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Cuando Vladimir Putin fue nombrado primer ministro, muchos pensaban que el desconocido jefe del ex-KGB continuaría las reformas democráticas tras la caída de la Unión Soviética. Pero desde entonces impuso su poder unipersonal y veinte años más tarde parece decidido a conservarlo..

Estas últimas semanas, la negativa de las autoridades a dejar que la oposición se presente en las municipales de varias grandes ciudades rusas, entre ellas, Moscú, así como la dura represión policial y judicial del movimiento de protesta que siguió dejan pocas dudas. Tras haber marginado a todas las voces críticas, el ex agente de los servicios de inteligencia de 66 años, popular por devolver a Rusia a un lugar preponderante en el escenario internacional y por haber logrado cierta de estabilidad, no piensa dejar que la oposición asome la cabeza. Y eso a pesar de que la Constitución no le permite presentarse a un nuevo mandato en 2024.

Dos décadas en el poder. La historia comenzó el 9 de agosto de 1999, cuando Boris Yeltsin anunció que nombraba al director del FSB, heredero de la KGB soviética, al frente del Gobierno. Los analistas veían en él a un representante de los servicios de inteligencia capaz de poner fin a la inestabilidad política y a la revuelta en el Cáucaso.

También a un hombre de Estado eficaz que inició su carrera junto con el liberal alcalde de San Petersburgo, Anatoli Sobchak, y fue elegido por el clan Yeltsin para mantener a Rusia en la senda de la economía de mercado. Debilitado, el por entonces presidente, que renunciaría el 31 de diciembre en favor de su delfín, explicó a la televisión que Putin se encargaría de "consolidar la sociedad" y "garantizar la continuación de las reformas".

Poder sin límites. "Al principio de su reinado, Rusia, aún pobre y criminalizada, continuaba siendo, sin embargo, un país libre y democrático", explicaba el periodista de la televisión pública Nikolai Svanidzé, que recuerda a un Putin "agradable conversador", "natural" y "dotado de sentido del humor" en sus primeros años en el Kremlin.

"Tras veinte años de poder sin límite, rodeado de aduladores, lo que es inevitable en nuestro régimen relativamente autoritario, ciertamente ha cambiado, y no en el buen sentido", agrega.
En sus inicios, el primer ministro Putin se mostraba relativamente tolerante y dispuesto a buenas relaciones con los occidentales.
Aun así, ya cultivaba la imagen de duro, y lanzó la segunda guerra de Chechenia, la base de su popularidad, que le permitió ser reelegido presidente en el año 2000, con 53% de los votos.

Gracias a la abundancia petrolera, su primera década en el poder estuvo marcada por la recuperación del nivel de vida de los rusos y un regreso del Estado debilitado tras la caída de la URSS, incluyendo a los medios controlados por ambiciosos oligarcas.

"El Putin de hoy en día no es el de 1999-2000: de liberal pasó a ser conservador", estima el politólogo Konstantin Kalachev. Según este experto, "esta evolución se desencadenó por su decepción con los occidentales".

Era post Putin. En 2004 se produjo un punto de inflexión con la Revolución Naranja, que llevó a la presidencia de Ucrania a un presidente prooccidental y que el Kremlin consideró una injerencia occidental en su territorio.

En 2007, Putin pronunció en Múnich una dura y muy recordada crítica contra Estados Unidos.

Luego se multiplicaron la crisis: guerra en Georgia en 2008; intervención occidental en Libia en 2011, vivida como una traición por Moscú que apoya ahora a Bashar al Assad en Siria; crisis ucraniana en 2014 con la anexión de Crimea y luego el lanzamiento de un conflicto en el este del país entre las fuerzas de Kiev y separatistas prorrusos.

"El conflicto con Occidente transformó a Putin en reaccionario", confía el editorialista político de la radio Business FM, Georgui Bovt.

En el plano interno, esto se tradujo en la defensa de valores conservadores preconizados por la Iglesia ortodoxa, en oposición con una forma de "decadencia occidental", y en un retroceso permanente de las libertades públicas en nombre del orden y de la estabilidad. El supuesto fin de su mandato deja a la clase política rusa en el limbo sobre sus intenciones.

¿Volver a ser primer ministro como en 2008-2012? ¿Designar a un sucesor como Boris Yeltsin en 1999? ¿Atribuirse una función honoraria que le permita mover los hilos como acaba de hacerlo el hombre fuerte del vecino Kazajistán?

La cuestión se plantea aún más porque la popularidad de Putin, estratosférica tras la anexión de Crimea, ha caído desde el anuncio hace un año de una impopular reforma de las jubilaciones, difícil de aceptar para una población con escasos ingresos y cuyo número baja desde hace cinco años.

"Actualmente, Putin y su entorno buscan todos los medios para no irse", afirma Bovt, para quien el presidente ruso considera que debe "cumplir una misión histórica".

hasta los 70. En 2012, los resultados económicos de Rusia se desplomaron como consecuencia de la crisis financiera mundial. Sin embargo, en el contexto de una situación internacional extremadamente turbulenta -levantamiento en los países árabes, guerra en Siria- el índice de popularidad de Putin fue alto, alcanzando su pico máximo tras la revolución en Ucrania. Los votantes rusos acogieron con satisfacción lo que Moscú presentó como el esperado regreso de Crimea.

Sin embargo, el éxito visible de la política exterior estuvo acompañado por el deterioro de la situación económica interna a la que contribuyeron las sanciones internacionales y el colapso de los precios del petróleo. En 2018, Putin volvió a ganar las elecciones presidenciales con una cifra récord (76%), pero con una lectura diferent, como explica Konstantin Kalachev, director del 'Grupo de Expertos Políticos': "La popularidad de Putin ya no la misma, no es adoración, sino que no hay alternativa. Durante 20 años Putin ha sido la voz más fuerte. Pero hoy la gente está buscando otra voz y cuando aparezca esa voz, la popularidad del presidente puede bajar muy rápido".

¿El aumento de la presión sobre la oposición explica esto? El verano del año pasado, justo después de las elecciones ganadas por Putin, las protestas masivas se extendieron por todo el país: la insatisfacción general por el deterioro del nivel de vida fue acompañada por el rechazo a la reforma de las pensiones. Algunos observadores consideran los hechos un claro avance. El mandato actual expira en 2024, cuando Putin superará los setenta años.

1952 Nacimiento
Vladimir Putin nació el 7 de octubre de 1952 en Leningrado (ahora San Petersburgo), en el seno de una familia soviética, hijo de Vladímir Spiridónovich Putin (1911-1999), un antiguo oficial de la Marina Soviética, y María Ivánovna Pútina (1911–1998), trabajadora de una fábrica. Putin se graduó, con honores, en la carrera de Derecho en la Universidad Estatal de Leningrado, tras lo cual ingresó en el servicio de espionaje de la KGB.

1999 Asume presidencia interina
El 31 de diciembre de 1999, Yeltsin renunció inesperadamente y, de acuerdo con la Constitución de Rusia, Putin se convirtió en presidente interino, conservando el puesto de jefe de Gobierno.
Antes de ello, el 9 de agosto de ese mismo año, Yeltsin ya había causado sorpresa al designarlo como jefe del FSB, ex KGB. Por eso muchos analistas consideran esta fecha como el inicio del largo reinado de Vladimir Putin en Rusia.

 

2012 Última reelección
Putin resultó ganador en la primera ronda de las elecciones realizadas el 4 de marzo de 2012, con el 63% de los votos emitidos, resultado que era, según las encuestas, el esperado; no obstante su amplia victoria, no quedó libre de acusaciones de fraude electoral realizadas desde diversos sectores de la oposición. Putin asumió el 7 de mayo su tercer mandato, esta vez, de acuerdo con la reforma constitucional, por seis años y con posibilidad de ser reelegido.

Fuertes protestas en la capital rusa contra el Presidente por veto a partidos de la oposición

Por cuarta vez en menos de un mes, Moscú volvió a llenarse de protestas, pancartas y... manifestantes detenidos.

De acuerdo con los organizadores, a pesar de la lluvia, más de 50.000 personas salieron nuevamente a las calles de la capital rusa ayer para exigir que candidatos de la oposición puedan participar en las próximas elecciones locales.

Son ya, según medios rusos, una de las mayores manifestaciones en casi una década contra el gobierno de Vladimir Putin, que cumplió 20 años en el poder el viernes. A diferencia de las dos anteriores marchas que terminaron en violencia y arrestos, estas fueron autorizadas. Sin embargo, según la policía de Moscú, más de 130 personas fueron detenidas, mientras

Otras 80 fueron arrestadas en la segunda ciudad más grande de Rusia, San Petersburgo, según OVD-Info, una ONG que supervisa las detenciones en las protestas.

En la capital, los manifestantes abarrotaron la céntrica calle Prospekt Andreya Sakharova, donde las autoridades de la ciudad desplegaron cientos de efectivos.

De acuerdo con el servicio ruso de la BBC, la presencia policial en el área de demostración en el centro de Moscú incluyó a oficiales con equipo antidisturbios.

The White Counter, una ONG que rastrea a los participantes en manifestaciones, estimó en 49.900 los asistentes, mientras que la policía de Moscú dio una de 20.000.

Las manifestaciones tuvieron lugar luego de la exclusión de varias figuras de la oposición, incluidos los aliados del principal crítico de Putin Alexei Navalny, de las elecciones locales de Moscú el mes próximo. Los candidatos debían recoger 5.000 firmas de apoyo para poder presentarse y aunque muchos lo lograron, la Comisión Electoral dictaminó que algunas firmas no eran elegibles, asegurando que no estaban claras o que las direcciones proporcionadas estaban incompletas.

 

Infobae/Agencias eldia@eldia.com.bo