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Editorial
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Venceremos
Lunes,  29 de Junio, 2020
Venceremos

S uena difícil decirlo ante una realidad que nos llena de impotencia, pero nadie puede dejarse llevar por una amenaza que no es más ni menos  desafiante que otros azotes del pasado, imposibles de comparar, por cierto. Hoy tenemos muchas más armas para combatir a los enemigos, pues no se trata sólo de vencer a la pandemia, sino de moldear una nueva sociedad, un mundo mejor, una economía diferente, una educación que venza los obstáculos y una manera de organizarnos que ponga al individuo como foco de atención.

Aunque los pesimistas e ignorantes siempre reclaman que “todo tiempo pasado fue mejor”,  el progreso de la humanidad jamás se ha detenido y justamente, las grandes pruebas como la que vivimos ahora, han servido para dar saltos cualitativos innegables y altamente favorables para el ser humano. 

Pestes más letales no han conseguido liquidar la cultura humana, invencible e incansable en la búsqueda del bienestar, imbatible a la hora de adaptarse, incorruptible frente a la pretendida involución de ciertos protagonistas de la historia que buscaron en la aniquilación, la purga y el holocausto el camino a sus oscuros propósitos. Los herederos de esos trasnochados buscan hoy espacios para cobrar vigor en medio de la confusión y, lo peor de todo es que culpan al progreso, a la riqueza de las naciones, a la genialidad y el empeño de los grandes por lo que nos está ocurriendo, cuando todos sabemos que los peores asesinos de la historia, los mayores destructores, los que han hundido a sus países y a sus pueblos, son precisamente los que predican esas tesis apocalípticas que confunden a los incautos.

¿Cambiará la democracia? ¿Cambiará el capitalismo? ¿Cambiará el estado? Obvio que sí, lo vienen haciendo desde hace miles de años y mucho más ahora que la humanidad necesita respuestas urgentes, que hemos descubierto que las estructuras actuales no son suficientes para asegurar el progreso equilibrado y sostenible. Es más, también cambiará la educación, la ciencia, las relaciones entre las personas, todo, absolutamente todo tendrá que ensamblarse en lo que se denomina la “nueva normalidad” o el tan mentado “nuevo orden”.

Los aventureros de siempre creen que este camino será como el del cangrejo y que, de pronto, aceptaremos cambiar la democracia por la dictadura, capitalismo por socialismo o estado moderno por organización tribal, por un tipo de política aldeana o por caudillismo extremo, una de las peores formas del absolutismo primitivo, que precisamente lo hemos superado antes de la pandemia. 

¿Quién dice la emergencia y los problemas que enfrentamos para restaurar la democracia, son excusa para renunciar a un país mejor y rendirnos ante un régimen que estaba llevando al país al desastre? ¿Quién dice que los bolivianos queremos retroceder y renunciar a la gesta conquistada en octubre?