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Editorial
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Urge un cambio de paradigma político
Martes,  11  de Febrero, 2020
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Alguien dijo con mucha razón que Bolivia es uno de los países más politizados del mundo. En cada esquina hay algún gremio, una asociación, un sindicato o algún tipo de agrupación con grandes aspiraciones de poder. Sus dirigentes no andan en pequeñeces y precisamente Evo Morales es el mejor ejemplo de lo que son capaces de alcanzar, sin importar “detalles” morales o legales.

La angurria no es exclusiva de los sectores populares del país, que usan la política como forma de supervivencia. En todos los estratos siempre mantienen lista la escalera y la usan inmediatamente surge la oportunidad. Hay regiones más politizadas que otras, ciudades o pueblos con gran vocación por el mando, existen verdaderos semilleros de dirigentes y, como pasa con Omasuyos o El Alto, hay quienes se jactan de ser expertos en tumbar gobiernos.

Aunque tiene muchos elementos criticables, este fenómeno no es negativo en sí mismo. Francia, que es una gran potencia mundial y que fue cuna de la revolución más importante de la historia de la humanidad, es el país europeo con la población más combativa. Los gobiernos de turno saben que deben caminar en puntillas, pues ante el menor descontento, los franceses salen a las calles y sus protestas no son nada “civilizadas”.

¿Por qué en Francia la política da resultados y en Bolivia se ha vuelto mala palabra porque nos empobrece, nos atrasa y nos posterga? En 1879, los ciudadanos salieron a pelear por Libertad, Igualdad y Fraternidad y hoy siguen luchando por principios o por reivindicaciones que luego se transforman en políticas públicas útiles al bien común, beneficiosas para la sociedad y modernizantes en el sentido social y económico.

En nuestro país, cada vez que un grupo protesta es para conseguir una ventaja sectorial, para lograr una tajada del aparato público o directamente para apropiarse de él, como hicieron los cocaleros, que nos estaban dejando a la altura de un narco-estado. En resumen, todos pelean por la plata que produce y/o controla el Estado a través de distintos mecanismos y bajo un esquema centralista, extractivista y monoproductor.

Durante casi 200 años, los políticos del occidente del país han tenido el monopolio del poder en Bolivia; ellos presumen de ser muy hábiles y astutos, unos profesionales a carta cabal, pero si analizamos los resultados, ninguno puede enorgullecerse, puesto que en el sentido estricto, la política debe servir para el progreso de los pueblos, para construir naciones como Francia.

En contrapartida, los cruceños son los inexpertos, los neófitos y los novatos en política, pero es mucho lo que pueden aportar, pues el liderazgo local ha logrado construir la región más próspera, la más diversificada y la más sólida del país. También es la más estable en el campo político, lo que no es poco, ya que no se puede concebir el progreso sin un ambiente de concordia. Ahora que se admite que gran parte de las decisiones nacionales se están tomando en Santa Cruz conviene poner atención al cambio de paradigma que se puede generar.

Durante casi 200 años, los políticos del occidente del país han tenido el monopolio del poder en Bolivia; ellos presumen de ser muy hábiles y astutos, unos profesionales a carta cabal, pero si analizamos los resultados, ninguno puede enorgullecerse, puesto que en el sentido estricto, la política debe servir para el progreso de los pueblos.