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Editorial
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Una lucha de largo plazo
Jueves,  12 de Marzo, 2020
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Días de paro, nadie sospechaba que la protesta duraría tanto tiempo y menos que íbamos a aguantar. El más optimista calculaba, como máximo, una semana y hasta el cocalero se equivocó, se burló y trató de minimizar las cosas, actitud que redujo su capacidad de reacción y le costó el cargo, algo que nadie imaginaba y que todavía cuesta creer.

La equivocación más gruesa, sin embargo, fue habernos convencido de que la huida del cocalero era sinónimo de su muerte política, que el hecho de que esté lejos del país, sea un seguro de  paz y tranquilidad y que son inofensivos los masistas que han quedado al mando en Bolivia, con cara de buenitos y de aparente racionalidad. Craso error.

Erramos muy feo también cuando creemos que la democracia se puede salvar con una elección limpia y transparente, con un gobierno que busque hacer las cosas bien, que nombre gente idónea y que dé señales correctas en la lucha contra la corrupción y la injusticia. Mucho más todavía, cuando la lluvia de candidatos expresa una aparente comodidad, pues todos se sienten seguros vencedores en segunda vuelta. Esa falacia es aún mayor, pues la participación del MAS en las elecciones y la obtención de unos resultados que parecen bien encaminados, serán una ratificación de su cualidad de primera fuerza nacional, con mayoría en un congreso que, sin duda alguna, ya no andará con medias tintas y “le meterá” con fuerza para “dinamitar” cualquier gobierno que sea elegido para el próximo periodo constitucional.

Podemos errar también si pensamos que son genuinas todas las demostraciones a favor de la democracia y que ha desaparecido la funcionalidad con el cocalero prófugo, cuya estrategia es poner en duda la gobernabilidad y erigirse como la única opción que puede lograr la concordia en el país. Ese juego está demasiado trillado; todos sabemos que los agitadores profesionales están apelando al juego de siempre con el objetivo de cansar y desmoralizar a los bolivianos, de volverlos a desilusionar como hicieron en 2005 y obligarlos a renunciar a la lucha democrática, que no se ha terminado con la huida de Morales y que debe continuar indefinidamente.

Los que encabezan esta lucha, los que buscan conducirla desde el gobierno y llevarla a buen puerto, no deben perder de vista que están ahí porque el pueblo se las jugó y su obligación es mantener contacto con la ciudadanía, nutrirse de ella, tomar la fuerza de la gente y conseguir que esa militancia le gane a la montonera que recurre a la violencia para amedrentarnos.

Sin esa sintonía entre gobernantes y el pueblo, corremos el riesgo de debilitar el proceso de recuperación democrática, de volver a lo que ocurrió en el pasado y que le abrió las puertas al populismo y la demagogia.

La participación del MAS en las elecciones y la obtención de unos resultados que parecen bien encaminados, serán una ratificación de su cualidad de primera fuerza nacional, con mayoría en un congreso que, sin duda alguna, ya no andará con medias tintas y “le meterá” con fuerza para “dinamitar” cualquier gobierno que sea elegido para el próximo periodo constitucional.